La tradicional Vigilia de Espigas de la Adoración Nocturna Española reunió este fin de semana en Adamuz a adoradores de distintos puntos de la diócesis de Córdoba en una jornada marcada por la oración ante el Santísimo Sacramento. Durante la celebración, el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, reflexionó sobre el clima de incertidumbre que afecta a muchas personas y advirtió también sobre el temor que algunos cristianos experimentan a la hora de vivir y expresar públicamente su fe.
La parroquia de San Andrés Apóstol acogió la celebración diocesana, en la que participaron adoradores, seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y fieles laicos. En su homilía, el prelado recordó que la Vigilia de Espigas es una noche en la que Cristo presente en la Eucaristía congrega a los fieles y fortalece su vida espiritual.
Monseñor Fernández tuvo también palabras de reconocimiento para la localidad de Adamuz, recordando la solidaridad mostrada por sus vecinos tras el accidente ferroviario ocurrido el pasado mes de enero.
La fe no puede quedarse en el ámbito privado
Tomando como punto de partida la invitación evangélica a «no tener miedo», el obispo señaló que muchas personas viven hoy marcadas por distintas preocupaciones relacionadas con el trabajo, la situación económica, la soledad o la incertidumbre ante el futuro.
Junto a esas inquietudes, hizo referencia a otro temor que afecta a numerosos creyentes: el miedo a identificarse como cristianos y a vivir su fe de manera visible en la sociedad.
Según explicó, el Evangelio llama a los discípulos de Cristo no solo a conservar la fe en el ámbito personal, sino también a anunciarla y testimoniarla públicamente. Una misión que, reconoció, puede resultar exigente y generar incomprensión en determinados ambientes.
Por ello insistió en que la fe cristiana exige coherencia entre lo que se cree y lo que se practica, evitando caer en actitudes que oculten o reduzcan el mensaje evangélico por temor a las dificultades o a las críticas.
Una llamada a la coherencia cristiana
A lo largo de su predicación, el obispo de Córdoba recordó que seguir a Cristo tiene consecuencias y que el Evangelio invita a los creyentes a afrontar los desafíos con confianza.
En este contexto, señaló tres motivos para superar el miedo. El primero, la convicción de que la verdad termina siempre por manifestarse y que el mensaje del Evangelio conserva toda su fuerza incluso cuando parece quedar oculto o relegado.
El segundo, la perspectiva cristiana del juicio de Dios, que sitúa la mirada definitiva sobre la vida humana más allá de las valoraciones o reconocimientos que puedan recibirse en este mundo.
Finalmente, destacó la confianza en la providencia divina. Monseñor Fernández recordó que el amor de Dios precede a toda respuesta humana y que la gracia es más fuerte que el pecado. Por ello animó a los fieles a confiar en Cristo incluso en medio de las dificultades y las incertidumbres.
Al concluir su homilía, pidió a los participantes que acudieran a Dios en los momentos de miedo y que permanecieran cerca de Él, convencidos de que no existe mayor tesoro que su amistad y su presencia.
Una noche de adoración ante el Santísimo
Tras la celebración eucarística, los participantes continuaron la Vigilia de Espigas con la adoración al Santísimo Sacramento durante toda la noche, organizada mediante distintos turnos de oración.
La jornada concluyó en la mañana del domingo con el rezo del santo Rosario, la procesión de las banderas de la Adoración Nocturna y la tradicional bendición de los campos.
La Vigilia de Espigas constituye una de las celebraciones más características de la Adoración Nocturna Española y reúne cada año a fieles de toda la diócesis en torno a la Eucaristía, la oración y la acción de gracias por los frutos de la tierra.