El Papa pide que todas las comunidades eclesiales sean «lugares seguros para todos»: especialmente los menores y las personas vulnerables

El Papa pide que todas las comunidades eclesiales sean «lugares seguros para todos»: especialmente los menores y las personas vulnerables

El papa León XIV recibió este miércoles en el Vaticano a los representantes del Centro de Investigación y Formación para la Protección del Menor (CEPROME), una institución dedicada a la formación y promoción de entornos seguros dentro de la Iglesia. Durante el encuentro, el Pontífice agradeció su labor y subrayó la necesidad de que todas las comunidades eclesiales garanticen espacios seguros para los niños, adolescentes y personas vulnerables.

Los participantes en la audiencia procedían de distintos países de Hispanoamérica y comparten el objetivo de promover la prevención de abusos y la cultura del cuidado en el ámbito eclesial. León XIV les agradeció su compromiso y destacó la importancia de su trabajo para la vida de la Iglesia.

El encuentro con Cristo requiere espacios seguros

En su intervención, el Papa vinculó la misión de protección de menores con la propia tarea evangelizadora de la Iglesia. Recordó que los primeros discípulos quedaron profundamente transformados por su encuentro con Jesucristo y señaló que esa misma experiencia está llamada a repetirse en cada generación.

Sin embargo, advirtió de que para que pueda darse una auténtica experiencia de fe es necesario que las comunidades cristianas ofrezcan entornos seguros. Según explicó, mientras el encuentro con Cristo conduce a una vida de amor y libertad, las situaciones de abuso provocan heridas profundas que afectan tanto al desarrollo humano como al espiritual de las víctimas.

«Para que haya una verdadera experiencia de amor con el Señor, es necesario que tengamos espacios seguros», afirmó el Pontífice.

Una responsabilidad de toda la Iglesia

León XIV recordó que el compromiso con la protección de los menores encuentra su fundamento en las palabras de Cristo sobre el cuidado de los más pequeños y en la obligación de evitar cualquier escándalo que pueda dañarlos.

En este contexto, evocó las palabras que dirigió a los obispos españoles durante su reciente viaje apostólico a España, donde se refirió al sufrimiento de quienes han sido heridos por personas que debían protegerlos.

Entonces afirmó que la comunidad eclesial está llamada a responder mediante «la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado».

El Papa subrayó que esta tarea corresponde en primer lugar a los pastores de la Iglesia, pero añadió que constituye también una responsabilidad compartida por todos los fieles. En el caso de los miembros de CEPROME, destacó además que han asumido este compromiso también desde el ámbito profesional.

Fortalecer la prevención y la colaboración

Durante la audiencia, León XIV animó a los participantes a seguir fortaleciendo las redes de colaboración entre las Iglesias locales y las instituciones civiles, así como a continuar promoviendo iniciativas orientadas a la prevención de abusos y la protección de las personas más vulnerables.

Asimismo, expresó su deseo de que todos los espacios vinculados a la Iglesia, tanto físicos como virtuales, sean lugares donde las personas puedan encontrarse con Jesucristo en un clima de confianza y seguridad.

«Mi deseo es que todos los espacios en la Iglesia, ya sean físicos o virtuales, sean verdaderamente lugares para el encuentro fecundo con Jesucristo, libres de miedos, sospechas o desconfianzas», señaló.

Un mensaje de apoyo a quienes trabajan en la protección de menores

Antes de concluir el encuentro, el Pontífice encomendó el trabajo de CEPROME a la protección de la Virgen María y animó a sus miembros a continuar promoviendo una mayor implicación de toda la comunidad eclesial en la cultura de la prevención y el cuidado.

Finalmente, impartió la bendición apostólica a los presentes y la extendió a sus familias, colaboradores y seres queridos.

Dejamos a continuación el discurso completo de León XIV:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La paz esté con ustedes.

Buenos días y bienvenidos.

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegro de recibirlos esta mañana, a ustedes que vienen de distintos países de América Latina, pero que tienen muy claro un objetivo común: trabajar a fin de que las comunidades eclesiales sean lugares seguros para todos, especialmente los niños, los adolescentes y las personas más vulnerables. Gracias por estar aquí y por realizar esta tarea tan importante.

Quisiera invitarlos a considerar cómo los primeros discípulos desde que se encontraron con Jesucristo quedaron cautivados, y ese momento marcó sus vidas de manera que comenzaron un camino de conversión, hasta el punto de entregarse por El sin reservas. Pero esa experiencia no es algo del pasado: todas las personas estamos llamadas a tener ese encuentro con el Resucitado y la oportunidad de vivir un proceso de identificación con Él. Eso, sin duda se da a través de la evangelización, y aquí es donde tiene lugar su labor: para que haya una verdadera experiencia de amor con el Señor, es necesario que tengamos espacios seguros. El encuentro con Cristo nos marca de manera positiva y nos proyecta a una vida plena de amor y libertad, mientras que sucede todo lo contrario con las situaciones de abuso, provocando heridas traumáticas que condicionan y merman el desarrollo espiritual y humano de la persona.

Es en la advertencia del mismo Señor en la que se funda la misión que ustedes han querido asumir, respondiendo al llamado de Cristo, cuando advierte sobre el cuidado de no ser un motivo de escándalo para los más pequeños (cf. Mt 18,6). En mi reciente viaje apostólico a España, les hablaba a los obispos sobre el dolor de quienes han sido heridos por quienes debían cuidarlos, situaciones ante las que «la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado» (Discurso a los obispos de España, 8 junio 2026). Esta tarea, a pesar de ser principal responsabilidad de quienes somos llamados a ser pastores, es un mandato para todos en la Iglesia, y algunos, como ustedes, la han asumido incluso en el ámbito profesional.

Yo les agradezco y al mismo tiempo los animo a seguir adelante con esta gran labor, fortaleciendo las redes de colaboración entre las Iglesias locales y las instituciones civiles, promoviendo la cultura de la prevención y del cuidado de los más vulnerables. Mi deseo es que todos los espacios en la Iglesia, ya sean físicos o virtuales, sean verdaderamente lugares para el encuentro fecundo con Jesucristo, libres de miedos, sospechas o desconfianzas.

Hermanos y hermanas, los encomiendo al amparo de la Virgen Santísima para que continúen trabajando por este sueño y que, cada vez más, vayan haciendo que toda la comunidad eclesial se involucre en él. Y con estos sentimientos, les imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a sus familias, amistades y demás seres queridos.

Muchas gracias.

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