El arzobispo de Liverpool (Inglaterra), John Sherrington, responsable de los asuntos relacionados con la vida en la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, ha manifestado su profunda decepción por la reintroducción en el Parlamento británico del proyecto de ley sobre el final de la vida para adultos con enfermedades terminales (Terminally Ill Adults (End of Life) Bill). El texto, que previsiblemente volverá a debatirse en la Cámara de los Comunes el próximo mes de septiembre, busca legalizar el suicidio asistido en determinadas circunstancias.
En una declaración pública, el prelado reiteró la oposición de la Iglesia católica a la iniciativa y pidió a los parlamentarios que rechacen una propuesta que, a su juicio, presenta graves deficiencias jurídicas, médicas y éticas, además de poner en riesgo a las personas más vulnerables.
Declaración completa del arzobispo John Sherrington:
«Estoy profundamente decepcionado por la reintroducción en la Cámara de los Comunes del proyecto de ley sobre el final de la vida para adultos con enfermedades terminales, que anteriormente no logró salir adelante. Es probable que vuelva a debatirse en septiembre.
La Iglesia católica se opone a este proyecto de ley por razones de principio y se une a muchas otras personas, creyentes y no creyentes, al afirmar que no debemos cruzar este umbral.
El reciente debate sobre esta iniciativa mostró hasta qué punto muchas personas consideraban que la legislación propuesta, incluso aceptándola en principio, era defectuosa y dejaba numerosas cuestiones sin resolver. La mayoría obtenida en la Cámara de los Comunes se redujo entre las distintas lecturas del proyecto, mientras que la Cámara de los Lores identificó numerosas carencias y problemas propios de una mala legislación.
Muchas organizaciones profesionales se pronunciaron en contra de este proyecto, entre ellas el Real Colegio de Psiquiatras y el Real Colegio de Médicos, cuyos miembros estarían obligados a participar en los procedimientos previstos por la ley. Los grupos de defensa de los derechos de las personas con discapacidad, quienes luchan contra los trastornos alimentarios y quienes trabajan contra la violencia doméstica expresaron también una profunda preocupación y consideraron peligrosa esta propuesta.
Las preocupaciones planteadas siguen sin resolverse. El proyecto de ley socava la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios y de los trabajadores de los servicios asistenciales. Además, obliga a residencias y centros de cuidados paliativos a participar en el suicidio asistido, poniendo en peligro no solo su propia continuidad, sino también el bienestar de sus trabajadores más vulnerables. La reintroducción de esta legislación vuelve a poner en riesgo a las personas más vulnerables. Pido a los diputados que rechacen este proyecto de ley.
Los debates recientes han puesto de manifiesto las desigualdades existentes en la provisión de cuidados paliativos en todo el país. Lo que ahora se necesita para ayudar a las personas con enfermedades terminales es mejorar unos cuidados paliativos compasivos y de alta calidad, así como garantizar una financiación adecuada para los hospicios. Pido que se abra un debate sobre las prioridades en la financiación sanitaria, especialmente para quienes viven con enfermedades terminales.
Por último, invito a todas las personas de buena voluntad a unirse a mí en el trabajo y en la oración para impedir que este proyecto de ley defectuoso salga adelante.»
+ John Sherrington
Arzobispo de Liverpool
Obispo responsable de los asuntos relacionados con la vida en la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales