El Papa ha asegurado este martes, en unas declaraciones informales en Castel Gandolfo, que está «considerando» dirigir un nuevo llamamiento a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ante las ordenaciones previstas para el próximo 1 de julio. León XIV ha dejado claro que el único paso que contempla es esa apelación pública —y no una recepción ni una negociación formal—, recordando que la decisión corresponde a la Fraternidad y que la Iglesia «debe seguir adelante».
Preguntado por los periodistas sobre las próximas ordenaciones sacerdotales de la FSSPX, el Pontífice señaló:
«Estoy considerando hacer otro llamamiento y decir «no hagan esto, intentemos vivir la comunión de la Iglesia». Pero es su elección. Debemos darnos cuenta de lo que significa para ellos y para la Iglesia. Ciertamente, la división entre los cristianos es un punto doloroso. Sin embargo, se niegan a aceptar algunos elementos fundamentales de la Iglesia, empezando por varios puntos del Concilio Vaticano II. Si toman esa decisión, lo siento. Pero debemos seguir adelante».
Las palabras del Pontífice apuntan a que el único paso que contempla por el momento es un nuevo llamamiento público a la Fraternidad, y no una recepción o un cauce de negociación formal con sus responsables. Al subrayar que «es su elección» y que la Iglesia «debe seguir adelante», León XIV deja entrever que no prevé alterar el rumbo ni abrir un encuentro con motivo de las ordenaciones.
A favor de esta lectura juega el hecho de que la Fraternidad ha solicitado audiencia de forma reiterada sin haber sido recibida, lo que confirma que la falta de encuentro papal no responde a una ausencia de iniciativa por parte de la FSSPX, sino a una decisión de Roma. Frente a esas peticiones constantes, las palabras del Papa se limitan a anticipar un eventual llamamiento público, sin abrir cauce alguno de recepción más allá de Tucho Fernández, que fue designado por León XIV para recibir a al padre Davide Pagliarani, superior de la FSSPX.
El Papa enmarcó la cuestión en la división entre cristianos —«un punto doloroso»— y reiteró las objeciones de fondo que Roma mantiene respecto a la FSSPX, en particular su negativa a aceptar «algunos elementos fundamentales de la Iglesia», entre ellos «varios puntos del Concilio Vaticano II».