El papa León XIV ha pedido a los jóvenes recuperar la costumbre de visitar a sus abuelos, a los mayores de sus familias y también a quienes no reciben ninguna visita. En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, publicado este 15 de junio, el Pontífice recuerda que Dios no se olvida nunca de sus hijos y denuncia el abandono que sufren muchos ancianos en una sociedad marcada por la soledad, la fragmentación y el debilitamiento de los vínculos familiares.
El mensaje, titulado Yo no te olvidaré, toma como punto de partida el pasaje del profeta Isaías en el que el Señor asegura que lleva grabados los rostros de sus hijos en las palmas de sus manos. León XIV presenta esta promesa como una respuesta directa al sentimiento de abandono que afecta especialmente a muchas personas mayores.
La soledad de los mayores
El Papa advierte de que sobre la vida de muchos ancianos parece haberse extendido “un velo” que difumina sus rostros y los cubre con el olvido.
Esta situación, señala, se percibe tanto en los hogares donde reina la soledad como en lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de quedar reducida al número de una cama o a una patología.
Frente a esa realidad, León XIV insiste en que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y a recordar que en cualquier etapa de la vida el hombre sigue siendo hijo de Dios.
Una llamada directa a los jóvenes
El Pontífice pide que la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores sirva para retomar una práctica concreta: visitar a los mayores.
“Que esta Jornada sea un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”, afirma.
León XIV pide que esas visitas lleven la cercanía y el afecto del Papa, de modo que las palabras de Isaías —“Yo nunca te olvidaré”— se conviertan en “un tierno y afectuoso encuentro”.
La fragilidad como vocación
El Papa recuerda también unas palabras de Francisco, quien habló de los ancianos como de un “nuevo pueblo”, debido al aumento histórico del número de personas de edad avanzada.
Desde esa perspectiva, León XIV invita a reflexionar sobre la vocación propia de la vejez, especialmente cuando la fragilidad parece ocupar el centro de la existencia.
“¡No tengan miedo de la fragilidad!”, escribe el Pontífice, al subrayar que la debilidad, cuando es aceptada, abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Dios.
Nunca es tarde para volver a Dios
El mensaje destaca además que la vejez puede convertirse en un tiempo propicio para iniciar o retomar una vida espiritual.
León XIV recuerda que muchas personas llegan a la ancianidad sin haber tenido una experiencia real de fe. Sin embargo, precisamente en esa etapa pueden aparecer con más fuerza las preguntas últimas sobre el sentido de la vida, la dependencia, el cuidado y la cercanía de Dios.
“Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él”, afirma el Papa.
Oración por la paz y agradecimiento a los mayores
En la parte final de su mensaje, León XIV vincula la experiencia de la fragilidad con la necesidad de rechazar los caminos de la arrogancia y del poder, especialmente en un tiempo marcado por la violencia bélica y social.
El Pontífice pide a los mayores unirse a su oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero.
También agradece expresamente el sostén espiritual que los ancianos ofrecen a la Iglesia con sus oraciones, en especial cuando rezan el rosario.
“Les agradezco porque me sostienen cada día con sus oraciones”, concluye el Papa, dejando a los mayores un deseo: que el Señor los renueve siempre en la fe, la esperanza y la caridad.