El Papa León XIV centró este domingo su reflexión previa al Ángelus en la mirada misericordiosa de Cristo sobre la humanidad sufriente, subrayando que la misión de la Iglesia consiste en llevar la caridad, la esperanza y la fe allí donde predominan la miseria material y espiritual.
Comentando el Evangelio de este XI Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 9,36-10,8), el Pontífice destacó que todos los hombres están incluidos en la mirada de Jesús, una mirada que no permanece indiferente ante el sufrimiento humano. «Jesús ve y ama», afirmó el Papa, recordando que el Hijo de Dios contempla la realidad concreta de los hombres y mujeres de cada época y se compadece de sus heridas.
León XIV señaló que Cristo ve «la opresión que aplasta y la violencia que quita la fuerza», pero también las consecuencias de una sociedad marcada por el consumismo, la fragmentación familiar y la pérdida de referentes auténticos para los jóvenes. Frente a esa realidad, la compasión de Jesús no es una mera reacción sentimental, sino una voluntad efectiva de redención.
El Santo Padre recordó la imagen evangélica de las multitudes como «ovejas que no tienen pastor» y presentó a Cristo como el Buen Pastor que conoce el corazón de cada persona y cuida de él. Desde esa preocupación por la salvación de las almas surge el envío de los apóstoles y, con ellos, la misión permanente de la Iglesia.
Según explicó León XIV, la tarea confiada por Cristo a sus discípulos consiste en llevar «el consuelo de Dios a los que sufren», ofreciendo caridad donde existe pobreza, esperanza donde reina la aflicción y fe allí donde se ha instalado la desconfianza. Se trata de una misión que hunde sus raíces en la gratuidad del don recibido de Dios.
El Papa se detuvo también en la elección de los Doce Apóstoles, recordando que entre ellos figuran tanto san Pedro como Judas Iscariote. Esta circunstancia, señaló, muestra que la posibilidad de traicionar a Cristo acompaña siempre a la libertad humana, pero no impide que el Evangelio conserve intacta su verdad y su fuerza salvadora a lo largo de los siglos.
«Ha llegado el Reino de los cielos», recordó el Pontífice citando las palabras de Cristo. Un anuncio que sigue siendo actual porque en Jesucristo Dios se acerca verdaderamente a cada hombre, a cada pueblo y a cada nación.
León XIV insistió en que cuando el Evangelio es anunciado y vivido con fidelidad, el mal retrocede y la realidad comienza a transformarse. La Iglesia, nacida de la iniciativa amorosa de Cristo, está llamada a continuar la obra apostólica bajo el mandato evangélico: «Gratis habéis recibido, dad gratis».
En la parte final de su reflexión, el Papa recordó que la evangelización no nace de estrategias humanas ni de intereses particulares, sino de la misericordia divina recibida gratuitamente. Por ello, la misión cristiana se concreta en el perdón, el servicio a los más pobres y el compromiso con la justicia, manifestaciones visibles de la presencia del Reino de Dios en medio del mundo.