Sacerdote de Cuenca, interceptado con sustancias ilegales y un joven acompañante

Sacerdote de Cuenca, interceptado con sustancias ilegales y un joven acompañante

Un nuevo caso incómodo vuelve a poner el foco sobre la conducta de algunos miembros del clero y sobre la necesidad de que las diócesis actúen con claridad cuando se producen hechos que afectan al testimonio público de sus sacerdotes.

Según ha publicado El Mundo, agentes de la Policía Municipal de Madrid identificaron este domingo por la tarde a un sacerdote de 52 años, destinado en la provincia de Cuenca, después de localizar en su vehículo varios blísteres de sildenafil —principio activo de la viagra— y frascos de popper.

Interceptado junto a la Basílica de San Francisco el Grande

Los hechos ocurrieron alrededor de las seis de la tarde en la Carrera de San Francisco, junto a la Basílica de San Francisco el Grande, en el distrito Centro de Madrid. Una patrulla de la Policía Municipal observó que el vehículo realizaba maniobras irregulares, con frenadas bruscas, detenciones momentáneas y cambios de ritmo que llamaron la atención de los agentes.

Tras darle el alto, los policías identificaron al conductor, que afirmó ser sacerdote destinado en la provincia de Cuenca, y al joven peruano de 25 años que viajaba con él. Ambos negaron inicialmente portar sustancias estupefacientes, aunque los agentes decidieron inspeccionar el coche ante la actitud nerviosa de los ocupantes.

Sildenafil sin receta y varios botes de popper

Durante la revisión, los agentes encontraron varios blísteres de sildenafil de distintas dosis ocultos entre documentos y pertenencias personales. El sacerdote reconoció que los medicamentos eran suyos, aunque no presentó receta médica que justificara su posesión.

La Policía Municipal localizó también varios botes abiertos de popper tanto entre las pertenencias del conductor como en una bolsa del acompañante. Esta sustancia, de consumo inhalatorio, está vinculada habitualmente a prácticas sexuales bajo los efectos de drogas y su venta está prohibida en España.

Según la misma información, el sacerdote aseguró a los agentes que creía no estar incurriendo en ningún delito y que pensaba que para cometer una infracción debía portar más de cien pastillas.

Investigado no detenido

El sacerdote fue trasladado a la comisaría del distrito Centro, donde se formalizó un acta de intervención en materia de estupefacientes y se entregaron las sustancias incautadas durante la actuación policial.

Tras prestar declaración, quedó en libertad en condición de investigado no detenido.

Una situación que exige explicaciones

Más allá de las consecuencias administrativas o penales que puedan derivarse de la actuación policial, el caso plantea una cuestión evidente para la Iglesia: la necesidad de ofrecer respuestas claras cuando un sacerdote se ve implicado en hechos de esta naturaleza.

La prudencia obliga a respetar la presunción de inocencia y a esperar el avance de las actuaciones, pero también resulta legítimo exigir transparencia a la autoridad eclesiástica competente cuando la conducta pública de un clérigo afecta a la credibilidad de su ministerio y al escándalo de los fieles.

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