El presidente del episcopado argentino bajo presión por la cuestión litúrgica

El presidente del episcopado argentino bajo presión por la cuestión litúrgica

La polémica sobre las restricciones a la Comunión de rodillas en Argentina continúa creciendo y empieza a revelar tensiones cada vez más profundas dentro de la Iglesia del país. Después de que el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, negara públicamente haber recibido una “sanción vaticana” por cuestiones litúrgicas, el conocido blog argentino El Wanderer publicó una extensa réplica en la que acusa al prelado de haber evitado cuidadosamente responder a la cuestión central: si desde Roma existieron o no correcciones informales por las limitaciones impuestas a fieles que desean comulgar de rodillas.

El debate no es menor. En los últimos años, varios sectores del catolicismo argentino han denunciado crecientes dificultades para recibir la Eucaristía según las formas tradicionalmente admitidas por la Iglesia, especialmente en diócesis donde algunos obispos han promovido criterios litúrgicos más restrictivos.

Lo que Wanderer dice que Colombo nunca negó

La controversia comenzó después de que El Wanderer publicara que oficiales del Dicasterio para el Culto Divino habrían mantenido conversaciones privadas con Colombo y con el obispo de San Luis, Gabriel Barba, para recordarles que ningún fiel puede ser privado de recibir la Comunión de rodillas.

La información provocó una reacción del presidente del episcopado argentino, que calificó esas publicaciones como “mentiras” y “fake news”, negando haber recibido sanciones o comunicaciones oficiales del Vaticano.

Sin embargo, en su nueva respuesta, Wanderer sostiene que Colombo respondió a algo que nunca fue afirmado. El blog insiste en que jamás habló de sanciones canónicas formales, sino de conversaciones reservadas y correcciones amistosas desde Roma.

“La cuestión es muy simple”, sostiene el autor. “Si esas conversaciones nunca ocurrieron, bastaba con negarlas claramente”.

El hecho de que Colombo negara únicamente la existencia de sanciones formales, pero no desmintiera explícitamente los contactos con el Dicasterio, resulta significativo.

El trasfondo litúrgico del conflicto

La discusión gira alrededor de una cuestión que en numerosos países se ha convertido en símbolo de las tensiones litúrgicas actuales: el derecho de los fieles a recibir la Comunión de rodillas.

Aunque la Conferencia Episcopal Argentina estableció hace años que la forma habitual de recibir la Eucaristía en el país es de pie, la normativa universal de la Iglesia deja claro que ningún sacerdote u obispo puede negar la Comunión a quien decida recibirla arrodillado.

Así lo establece expresamente la instrucción Redemptionis Sacramentum, publicada en 2004 por el Vaticano.

Precisamente por eso, diversos fieles argentinos habían denunciado en los últimos años situaciones de tensión, correcciones públicas e incluso negativas prácticas hacia quienes optaban por comulgar de rodillas en determinadas diócesis.

Mucho más que una discusión litúrgica

El blog aprovecha además para realizar una crítica mucho más amplia al estilo pastoral y de gobierno de monseñor Colombo, una de las figuras más influyentes del actual episcopado argentino.

El autor cuestiona especialmente el tono utilizado por el arzobispo mendocino contra quienes lo critican públicamente y denuncia una actitud clericalista hacia los laicos que expresan desacuerdos sobre cuestiones eclesiales.

Recuerda además otras polémicas protagonizadas por Colombo en los últimos años, como su cercanía a iniciativas vinculadas al movimiento LGBT, la promoción de determinados eventos musicales en la arquidiócesis o las supuestas restricciones al uso del latín en celebraciones litúrgicas.

El malestar creciente de muchos fieles

Uno de los puntos más relevantes del artículo aparece al final, cuando Wanderer señala la fuerte reacción crítica que las declaraciones de Colombo provocaron entre numerosos católicos argentinos en redes sociales.

El blog interpreta ese malestar como síntoma de una desconexión cada vez mayor entre parte del episcopado y muchos fieles practicantes, especialmente aquellos más sensibles a la liturgia, la reverencia eucarística y la identidad doctrinal de la Iglesia.

La polémica refleja así una realidad cada vez más visible en distintos países: para muchos católicos, las discusiones sobre cómo se recibe la Comunión no son simples cuestiones de sensibilidad estética, sino signos concretos de cómo se entiende la Eucaristía, la autoridad litúrgica y la continuidad con la tradición de la Iglesia.

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