El obispo auxiliar de Bolduque (‘s-Hertogenbosch), Robert Mutsaerts, ha denunciado públicamente que un niño fue apartado de la preparación para la Confirmación en una parroquia holandesa autodenominada “LGBTQ” después de calificar como una “tontería” una iniciativa pro-LGBT promovida en los Países Bajos.
La historia fue relatada por el propio obispo en una extensa reflexión publicada en su blog personal bajo el título Visita a una parroquia LGBTQ. Mutsaerts describe con detalle el ambiente vivido durante una celebración de Confirmaciones en una parroquia donde ondeaba una bandera arcoíris a la entrada del templo.
“Un chico con opinión y carácter”
Aunque finalmente pudo administrar el sacramento al joven en otro lugar una semana después, el prelado explicó que el conflicto comenzó después de que el menor expresara su rechazo a “Purple Friday”, una iniciativa impulsada en los Países Bajos para promover la aceptación social de la agenda LGBT en escuelas y espacios públicos.
“Un chico con opinión y carácter. Aparentemente, eso no encaja en esta parroquia tolerante, inclusiva, abierta, acogedora y comprensiva”, escribió Mutsaerts con evidente ironía.
Mutsaerts visitó posteriormente la parroquia para administrar Confirmaciones y comprobó personalmente el ambiente ideológico del lugar. Frente al templo ondeaba una bandera arcoíris y, tras la Misa, responsables parroquiales le explicaron que se trataba de una “Rainbow Church”.
Inclusión para unos, exclusión para otros
El obispo denunció la contradicción entre el discurso de inclusión y la actitud mostrada hacia quienes defienden la doctrina católica tradicional sobre la sexualidad.
Cuando intentó abordar estas cuestiones después de la ceremonia, aseguró que fue inmediatamente rechazado por no compartir los presupuestos ideológicos de la llamada “religión arcoíris”.
“La inclusión resulta no ser una puerta abierta, sino un acceso cuidadosamente vigilado”, escribió.
Una fractura cada vez más visible dentro de la Iglesia
El episodio relatado por Mutsaerts refleja además una tensión creciente dentro de numerosos ambientes eclesiales europeos, donde el discurso de la “inclusión” convive cada vez con mayores dificultades para aceptar posiciones alineadas con la doctrina católica tradicional.
Robert Mutsaerts se ha convertido en los últimos años en una de las escasas voces episcopales europeas que critican abiertamente la expansión de la agenda LGBT dentro de estructuras eclesiales.
“La verdadera cuestión no es si estas iglesias son inclusivas o exclusivas, sino qué verdad están dispuestas a reconocer y qué límites se atreven a admitir honestamente”, escribió en su reflexión.