El «giro católico»: La CEE premia a famosos que ni siquiera aparecen

El «giro católico»: La CEE premia a famosos que ni siquiera aparecen

La Conferencia Episcopal Española celebró este lunes la entrega de sus Premios ¡Bravo!, el galardón con el que intenta reconocer a figuras destacadas del mundo de la comunicación, la cultura y el entretenimiento. El problema es que varios de los nombres más mediáticos utilizados para dar brillo a la ceremonia ni siquiera aparecieron por allí.

Ni Rosalía. Ni Alauda Ruiz de Azúa. Ni Javier Cercas.

Mientras los obispos españoles reivindicaban la “verdad”, la “dignidad humana” y la “profundidad espiritual” de determinadas obras culturales, algunos de los premiados parecían tener otras prioridades bastante más urgentes que acudir a recoger el reconocimiento eclesial.

Rosalía y el extraño intento de encontrar un “giro católico”

El caso más llamativo fue probablemente el de Rosalía, premiada en la categoría de Música por su álbum Lux. La artista catalana no acudió a la sede de la Conferencia Episcopal en Madrid y, según informó Religión Confidencial, la organización estudia ahora cómo hacerle llegar el galardón.

La propia justificación del premio refleja bien una tendencia cada vez más habitual en ciertos ambientes eclesiales: la necesidad casi desesperada de detectar “espiritualidad”, “trascendencia” o incluso un supuesto “giro católico” en productos culturales contemporáneos cuya relación real con la fe resulta, como mínimo, discutible.

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La Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales elogió en Lux su “profundidad espiritual” y su “sensibilidad artística”, en una lectura que encaja con ese intento recurrente de algunos sectores eclesiales por presentarse alineados con las sensibilidades culturales dominantes.

Tampoco fueron Alauda Ruiz de Azúa ni Javier Cercas

La directora Alauda Ruiz de Azúa, premiada por la película Los Domingos, tampoco apareció en el acto. Su cinta aborda el proceso vocacional de una joven que desea entrar en un convento, un argumento que permitió a la Conferencia Episcopal reivindicar la película como ejemplo de búsqueda espiritual contemporánea.

Y tampoco acudió Javier Cercas, premiado en la categoría de Prensa.

La fotografía final de la gala terminó dejando una sensación extraña: una Iglesia entregando reconocimientos a figuras culturales conocidas que, en varios casos, ni siquiera parecían especialmente interesadas en recibirlos.

Una Iglesia obsesionada con gustar al mundo cultural

El problema de fondo quizá no sea la ausencia puntual de determinados premiados. El verdadero problema es la insistencia de parte de la Conferencia Episcopal en buscar legitimación cultural a través de nombres mediáticos, aunque luego esa cercanía sea más imaginaria que real.

Desde hace años, determinados organismos eclesiales parecen convencidos de que la relevancia pública de la Iglesia depende de su capacidad para mostrarse cercana a los códigos culturales dominantes, incluso aunque esos referentes mantengan una relación ambigua —o directamente inexistente— con la vida de fe.

La paradoja resulta evidente: mientras muchas parroquias, seminarios y comunidades católicas sostienen discretamente la vida real de la Iglesia en España, buena parte de la estrategia comunicativa episcopal parece orientada a obtener un gesto de validación del mundo cultural progresista.

Premios que retratan una crisis de identidad

Durante la gala, monseñor José Manuel Lorca Planes aseguró que los Premios ¡Bravo! representan “la mano tendida de la Iglesia al mundo de la comunicación”. La frase resume perfectamente el espíritu de estos reconocimientos.

La cuestión es si al otro lado alguien está realmente interesado en estrechar esa mano.

Porque cuando los principales premiados ni siquiera aparecen para recoger el galardón, la imagen que queda no es la de una Iglesia influyente en la cultura contemporánea, sino la de una institución que sigue buscando desesperadamente reconocimiento en ambientes que hace tiempo dejaron de considerar relevante el aval eclesial.

Quizá el problema no sea que Rosalía, Cercas o Alauda Ruiz de Azúa no fueran a recoger el premio. Quizá el problema sea que la Conferencia Episcopal siga creyendo que premiándolos obtiene algo más que unos cuantos titulares pasajeros.

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