El Papa León XIV centró este domingo su reflexión del Regina Cæli en el sentido espiritual de la Ascensión, subrayando que no se trata de un acontecimiento lejano, sino de una realidad que “atrae también a nosotros hacia la plena comunión con el Padre”. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice recordó que Cristo “elevando y rescatando al hombre de su condición de pecado” abre un camino de esperanza y de vida nueva para todos los bautizados.
En su catequesis, el Papa insistió en que la Ascensión invita a los cristianos a orientar la vida “a la medida del corazón de Dios”, siguiendo el ejemplo de Cristo, de la Virgen y de los santos “de la puerta de al lado”, en expresión tomada del Papa Francisco. Tras el Regina Cæli, León XIV dedicó también unas palabras a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, advirtiendo sobre los desafíos de la inteligencia artificial y reclamando formas de comunicación “siempre respetuosas de la verdad del hombre”.
Dejamos a continuación las palabras completas de León XIV:
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy, en muchos países del mundo, se celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor.
La imagen de Jesús que —como narra el texto bíblico (cf. Hch 1,1)—, elevándose desde la tierra sube al cielo, puede hacernos percibir este Misterio como un acontecimiento lejano. En realidad, no es así. Nosotros, de hecho, estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre. San Agustín decía a este propósito: «El que la cabeza vaya delante es garantía para los miembros» (Sermón 265, 1.2).
Toda la vida de Cristo es un dinamismo ascendente, que abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado, llevando luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación, para llegar a la victoria definitiva de la Pascua, en la que el Hijo de Dios «muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida» (Prefacio de Pascua I).
La Ascensión, entonces, no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial, ampliando y elevando —ya desde esta vida— nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios.
Nosotros conocemos el camino de este itinerario ascendente (cf. Jn 14,1-6). Lo encontramos en Jesús, en la entrega de su vida, en sus ejemplos y en sus enseñanzas, como también vemos sus huellas en la Virgen María y en los santos: aquellos que la Iglesia ofrece como modelo universal y aquellos —como le gustaba decir al Papa Francisco— «de la puerta de al lado» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), con los que vivimos cada día —papás, mamás, abuelos, personas de todas las edades y condiciones—, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio.
Con ellos, con su apoyo y gracias a su oración, podemos aprender también nosotros a subir día a día hacia el cielo, haciendo objeto de nuestros pensamientos, como dice san Pablo, “todo lo que es verdadero, justo, amable” (cf. Flp 4,8) y poniendo en práctica, con la ayuda de Dios, lo que hemos «oído y visto» (v. 9), haciendo crecer, en nosotros y en nuestro entorno, la vida divina que recibimos en el bautismo y que nos impulsa constantemente hacia lo alto, hacia el Padre, y difundiendo en el mundo frutos preciosos de comunión y de paz.
Que nos ayude la Virgen María, Reina del Cielo, que en todo momento ilumina y guía nuestro caminar.
Después del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra en muchos países la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año he querido dedicar al tema “Custodiar voces y rostros humanos”. En esta época de la inteligencia artificial animo a todos a comprometerse en la promoción de formas de comunicación que sean siempre respetuosas de la verdad del hombre, a la cual se debe orientar toda innovación tecnológica.
De hoy al próximo domingo se llevará a cabo la Semana Laudato si’, dedicada al cuidado de la creación e inspirada en la encíclica del Papa Francisco. En este año jubilar de san Francisco de Asís, recordamos su mensaje de paz con Dios, con los hermanos y con todas las creaturas. Lamentablemente, a causa de las guerras, en estos últimos años se han retrasado mucho los progresos en este ámbito. Por eso, animo a los miembros del movimiento Laudato si’, y a todos los que trabajan por una ecología integral, a renovar este compromiso. Cuidar la paz es cuidar la vida.
Los saludo a todos ustedes, queridos fieles de Roma y peregrinos de distintos países. En particular, doy la bienvenida a algunas bandas musicales provenientes de Alemania, a la confraternidad Sant’Antonu di u Monti de Ajaccio y al grupo de estudiantes de Montana de los Estados Unidos de América.
Saludo a los jóvenes de Oppido Mamertina, a los animadores de Lorenzaga de la diócesis de Concordia-Pordenone y a los jóvenes confirmandos de la diócesis de Génova.
¡Les deseo a todos un feliz domingo!