La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, inició oficialmente su mandato con una misa en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, donde encomendó su gobierno a la patrona nacional del país y realizó una entrega simbólica de la banda presidencial a la Virgen.
La ceremonia tuvo lugar el pasado 8 de mayo, coincidiendo con el inicio del mandato de Fernández como quincuagésima jefa de Estado del país centroamericano.
Durante el acto religioso celebrado en el principal santuario católico de Costa Rica, la nueva mandataria puso su gestión bajo la protección de Dios y de la Virgen de los Ángeles, conocida popularmente como “La Negrita”.

Un gesto simbólico en un contexto de crisis
La celebración se produjo en un momento complejo para Costa Rica, país que en los últimos años ha experimentado un incremento de la violencia vinculada al narcotráfico y al crimen organizado.
En ese contexto, Laura Fernández optó por comenzar su mandato con una celebración litúrgica en lugar de un primer acto político centrado exclusivamente en anuncios de gobierno o discursos institucionales.
La Basílica de Cartago, donde tuvo lugar la misa, es el principal centro de peregrinación católica del país y alberga la pequeña imagen de la Virgen encontrada en 1635 por una joven indígena llamada Juana Pereira.
El mensaje de la Iglesia costarricense
Durante la homilía, el presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, monseñor Javier Román, hizo un llamado a reconstruir la unidad nacional y trabajar por “una sociedad más humana, justa y unida”.
El obispo subrayó también la importancia de que la fe pueda inspirar la vida pública y política, especialmente en cuestiones relacionadas con la ética, la honestidad y el respeto por la vida humana.
“Cuando una persona reconoce que existe una verdad superior a sí misma, comprende también que el poder tiene límites y que toda autoridad debe ejercerse con ética, conciencia y respeto por la vida”, afirmó el prelado durante la celebración.
Una ceremonia marcada por la dimensión religiosa
La nueva presidenta centró el inicio de su mandato en un acto de carácter religioso y en una petición de guía y protección para afrontar los desafíos sociales y de seguridad que atraviesa actualmente Costa Rica.
La ceremonia estuvo marcada por referencias a la unidad nacional, la reconciliación y la necesidad de fortalecer el compromiso ético en la vida pública.