El obispo Erik Varden, prelado de Trondheim (Noruega) y miembro de la orden trapense, ha advertido sobre el peligro de instrumentalizar el cristianismo con fines políticos o ideológicos, afirmando que utilizar la Cruz “como un arma para golpear a otros” supone una deriva “hacia la herejía o incluso la blasfemia”. En una extensa entrevista concedida a OSV News durante su visita al seminario St. Mary’s de Baltimore el pasado 7 de mayo, el obispo noruego reflexionó también sobre la esperanza cristiana, la inteligencia artificial, la vida comunitaria y la necesidad de recuperar la paciencia como virtud esencial.
Varden, conocido por su perfil intelectual y espiritual dentro de la Iglesia, fue el encargado de predicar los ejercicios espirituales de Cuaresma en el Vaticano para el papa León XIV y la Curia romana. En sus declaraciones, insistió en que el Evangelio no puede convertirse en una herramienta al servicio de agendas culturales o partidistas.
“El Evangelio es un fin en sí mismo”
Preguntado por el auge de discursos políticos que recurren al cristianismo como elemento identitario o de confrontación, Varden respondió con claridad: “Cualquier intento de instrumentalizar el Evangelio para un propósito subsidiario, ya sea cultural, ideológico o político, es sospechoso”.
El obispo noruego alertó especialmente contra las formas de cristianismo que eliminan el núcleo central de la fe: Cristo crucificado y resucitado. “Toda presentación del cristianismo que abstrae el escándalo de la Cruz o usa perversamente la Cruz como un arma para herir a otros está derivando hacia la herejía o incluso la blasfemia”, afirmó.
Frente a ello, defendió una vivencia profundamente cristocéntrica de la fe, menos centrada en la retórica y más en el testimonio concreto de vida. Según explicó, el cristianismo transformó el mundo antiguo no solo mediante la predicación, sino mostrando “una nueva forma de ser humanos”, basada en la reconciliación y el perdón.
“Cuando el cristianismo se invoca como componente de un discurso de odio, simplemente no debemos subirnos a ese tren”
La verdad debe decirse “en la caridad”
Varden reconoció que existe el riesgo de caer en dinámicas tribales también dentro de ambientes cristianos. Para evitarlo, propuso recuperar una antigua enseñanza de san Pablo: “Hablar la verdad en la caridad”.
“El amor hacia quienes se equivocan no consiste en fingir que el error no existe, sino en abordarlo de manera constructiva”, explicó. En este sentido, animó a los católicos a formarse seriamente en la fe, estudiar la Escritura y vivir profundamente la gracia sacramental, evitando respuestas superficiales o meramente emocionales.
Para el obispo trapense, solo una Iglesia que viva auténticamente la belleza de la gracia y la comunión podrá ofrecer una alternativa convincente a los conflictos ideológicos contemporáneos.
Ninguna esperanza espiritual en la inteligencia artificial
Otro de los puntos más contundentes de la entrevista fue su reflexión sobre la inteligencia artificial. Aunque reconoció su utilidad práctica para determinadas tareas, Varden se mostró profundamente escéptico respecto a cualquier expectativa espiritual depositada en estas tecnologías.
“En términos de espiritualidad, no tengo absolutamente ninguna esperanza en la inteligencia artificial”, afirmó. Según explicó, una verdadera renovación espiritual exige una transformación del corazón humano, algo que “un algoritmo no puede hacer”.
Las declaraciones llegan en un momento en que numerosos sectores tecnológicos y culturales presentan la IA como una herramienta capaz de sustituir procesos humanos cada vez más amplios, también en ámbitos educativos o psicológicos. Varden, sin embargo, defendió que la conversión y la experiencia religiosa pertenecen a una dimensión irreductiblemente humana.
La paciencia, una virtud olvidada
Durante la entrevista, el obispo de Trondheim también reflexionó sobre la impaciencia del mundo contemporáneo y la obsesión por la gratificación inmediata. Criticó la mentalidad que pretende satisfacer cualquier deseo de manera instantánea mediante aplicaciones, consumo o entretenimiento.
“Ser humano es algo grande, y las grandes cosas llevan tiempo”, recordó, citando al cardenal John Henry Newman.
Para Varden, la paciencia constituye una virtud indispensable para la vida cristiana y para evitar falsas expectativas de construir el Reino de Dios mediante mecanismos puramente humanos o políticos.
La comunidad cristiana como testimonio vivo
El obispo noruego insistió igualmente en la necesidad de reconstruir auténticas comunidades cristianas. Recordó con satisfacción una jornada celebrada recientemente en la catedral de Trondheim, donde fieles de distintos ambientes compartieron conferencias, oración, silencio, conversación y una comida fraterna.
Observó cómo las personas conversaban entre sí “sin siquiera pensar en mirar sus teléfonos móviles”, algo que consideró especialmente significativo en una sociedad marcada por el aislamiento y la hiperconectividad digital.
Según Varden, las parroquias solo podrán atraer nuevamente a otros si logran convertirse en lugares donde confluyan la vida espiritual, la formación intelectual, la convivencia y la amistad cristiana.