El podcast oficial de la Archidiócesis de Madrid para la visita del Papa difunde errores muy graves

El podcast oficial de la Archidiócesis de Madrid para la visita del Papa difunde errores muy graves

La serie de vídeos difundida por la Archidiócesis de Madrid con motivo de la próxima visita del Papa, bajo el formato del podcast Una Iglesia mil voces, revela un problema que va más allá de lo anecdótico. Lo que se está proyectando no es solo entusiasmo juvenil o espontaneidad testimonial, sino una preocupante confusión doctrinal en un canal oficial que debería garantizar exactamente lo contrario.

Entre las piezas difundidas por el canal ofical de la diócesis de la capital de España, se acumulan expresiones que desbordan la emoción legítima para entrar directamente en el terreno del error. Desde excesos más o menos cuestionables como “voy a respirar el mismo aire que el Papa”, a errores graves como “vi al Papa y vi a Dios”, o un video difundido en todos los formatos en el que una niña sostiene que “a Jesús no le tenemos aquí hasta que no vuelva a bajar, pero tenemos al Papa que… pues eso, es Él”. No se trata de simples hipérboles. Son formulaciones que niegan la presencia actual de Cristo y, simultáneamente, atribuyen al Pontífice una identidad que la Iglesia nunca le ha reconocido.

La doctrina católica es inequívoca en este punto. Jesucristo no está ausente “hasta que vuelva”; su presencia es real, aunque no visible, de modo eminente en la Eucaristía y en la vida de la Iglesia. Y, obviamente, el Papa no es Cristo, ni su sustituto ontológico, ni una prolongación encarnada de su persona. Es sucesor de San Pedro y vicario de Cristo, es decir, su representante con autoridad delegada, no su identidad.

El problema no radica en que un fiel, y menos aún un menor, se exprese de forma imprecisa en un momento de entusiasmo. Eso es comprensible. El problema es que esas expresiones han sido seleccionadas, editadas y difundidas desde un canal institucional sin ningún tipo de corrección o contextualización. Ahí la responsabilidad es inequívoca. Un medio oficial de una archidiócesis católica no puede limitarse a amplificar emociones; debe ejercer una función formativa básica.

La comunicación eclesial no es neutral. Incluso en formatos ligeros o testimoniales, cada pieza publicada transmite una determinada comprensión de la fe. Si desde un canal oficial se normaliza la identificación entre el Papa y Dios, o se sugiere que Cristo está ausente hasta su retorno final mientras se encarna en el Papa, el resultado es una catequesis implícita defectuosa.

El recurso a menores introduce además un elemento de especial sensibilidad. Utilizar a niños o adolescentes para verbalizar contenidos teológicos sin una mínima guía o revisión editorial no es solo arriesgado, es imprudente. El error no está en la niña que habla, sino en el adulto que decide que esas palabras son aptas para ser difundidas como mensaje representativo.

La visita de un Papa es un momento pastoral de primer orden. Precisamente por ello, exige un estándar más alto, no más bajo. Entre la cercanía comunicativa y la precisión doctrinal no hay contradicción necesaria; lo que hay, en este caso, es una ausencia de control que termina degradando el contenido.

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