La Iglesia cuenta desde este sábado con 16 nuevos sacerdotes legionarios de Cristo, ordenados en la basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, en una ceremonia marcada por una fuerte presencia de vocaciones procedentes de Hispanoamérica.
La ordenación, celebrada el 2 de mayo y presidida por monseñor Juan Vicente Córdoba, obispo de Fontibón (Bogotá), reunió a candidatos originarios de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Panamá y Venezuela, reflejando el peso creciente de Hispanoamérica en el relevo generacional de la congregación.
La celebración eucarística comenzó a las 10 de la mañana y congregó a numerosos fieles, entre ellos familiares y miembros del Regnum Christi, que acompañaron a los ordenandos tras más de una década de formación sacerdotal.
En su homilía, el obispo recordó la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre el ministerio sacerdotal, subrayando que la vida del presbítero debe estructurarse en torno a la Eucaristía y al servicio pastoral. Insistió en la necesidad de que el sacerdote encarne el modelo del Buen Pastor, con una entrega constante a los fieles y una especial atención a los más necesitados.
Asimismo, encomendó el ministerio de los nuevos sacerdotes a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, subrayando su papel en la vida evangelizadora, especialmente en el contexto hispanoamericano.
La Congregación de los Legionarios de Cristo, de derecho pontificio y fundada en 1941, cuenta en la actualidad con alrededor de 1.500 miembros, entre ellos cerca de 1.000 sacerdotes y varios centenares de seminaristas en distintas etapas de formación. En los últimos años, una parte significativa de sus vocaciones procede de países de Hispanoamérica, donde la institución mantiene una amplia presencia a través de centros educativos, seminarios y apostolados vinculados al Regnum Christi.
Estas ordenaciones vuelven a situar sobre la mesa una cuestión de fondo que la propia congregación ha tenido que afrontar en las últimas décadas: la distinción entre el carisma eclesial y la figura de su fundador. La continuidad de las vocaciones, especialmente en Hispanoamérica, parece indicar que, más allá de las graves sombras que marcaron su origen, la Legión ha logrado preservar un núcleo espiritual y apostólico que no se agota en la personalidad de quien la inició. En un momento en el que la Iglesia exige mayor transparencia y purificación institucional, el verdadero reto no es solo crecer en número, sino consolidar un sacerdocio creíble, desvinculado de cualquier forma de personalismo y centrado en la fidelidad a Cristo y a la misión eclesial.