Las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Luis Argüello, sobre la actuación del Gobierno en cuestiones como el inicio y el final de la vida, la definición del matrimonio y la familia o la concepción de la sexualidad humana provocaron una inmediata reacción en el ámbito político. Dirigentes del PSOE respondieron con ironía y reproches al discurso pronunciado por el arzobispo de Valladolid en la apertura de la Asamblea Plenaria de primavera el pasado lunes.
Argüello advirtió de que, pese al carácter aconfesional del Estado, el Ejecutivo “tendía a tomar posturas confesionales en materia antropológica, definiendo el comienzo y el final de la vida, la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales”. Con estas palabras, el presidente de la CEE situaba el debate en su verdadero alcance: no en una disputa política, sino en la verdad sobre el hombre.
Respuesta del Gobierno: ironía y reivindicación del poder
La reacción no se hizo esperar. El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, respondió con tono irónico: “Acusarnos de confesionales, una confesión religiosa, tiene tela, ¿no?”, afirmó ante los medios en el Senado.
López rechazó además la crítica sobre un supuesto control institucional y defendió la actuación del Ejecutivo como parte del ejercicio del poder: “No es que controlemos las instituciones, es que muchas de ellas las gobernamos. Y cuando uno gobierna, adopta decisiones políticas en base a su proyecto”.
En la misma línea, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, respondió subrayando los acuerdos alcanzados con la Iglesia en los últimos años. “¡Si no hacemos más que llegar a acuerdos con la Iglesia católica!”, exclamó, antes de enumerar cuestiones como las inmatriculaciones, la fiscalidad, la «resignificación» del Valle de los Caídos o las medidas relativas a los abusos en el seno de la Iglesia.
Según el ministro, “nunca en la historia un Gobierno había llegado a tantos acuerdos con la Iglesia católica”, una afirmación que acompañó con un comentario final: “Todo mi cariño y todo mi respeto a monseñor Argüello”.
Un debate que confirma el fondo de la crítica
El intercambio de declaraciones deja a la vista el núcleo de la cuestión planteada por Argüello. Cuando desde el propio Gobierno se afirma que las decisiones se adoptan “en base a un proyecto”, se reconoce que en materias como la vida, la familia o la sexualidad no se actúa desde una visión antropológica fundada en la ciencia y de las «experiencias humanas más elementales», sino desde una orientación ideológica que se traduce en acción política.