El homenaje al Papa Francisco celebrado el pasado fin de semana en Buenos Aires ha generado polémica por su formato: un evento multitudinario de música electrónica en plena Plaza de Mayo, organizado por un sacerdote convertido en DJ.
Un homenaje masivo al ritmo del techno
Más de 100.000 personas —y según algunas estimaciones hasta 120.000— se congregaron el sábado en la histórica Plaza de Mayo, junto a la catedral donde Jorge Mario Bergoglio fue arzobispo, para participar en un acto que combinó música electrónica con referencias religiosas.
El evento fue impulsado por el sacerdote portugués Guilherme Peixoto, conocido como “Padre Guilherme”, quien dirigió durante varias horas una sesión musical desde un escenario con estética de festival. En grandes pantallas se proyectaban imágenes del Papa Francisco y de san Juan Pablo II, junto a símbolos como cruces y palomas, mientras se mezclaban fragmentos de discursos pontificios con bases techno.
Un ambiente propio de espectáculo
La puesta en escena transformó el centro de Buenos Aires en un espacio más cercano a un concierto que a un acto religioso. Luces, efectos visuales y sonido de alta potencia marcaron el desarrollo del evento.
Entre los asistentes había tanto fieles como personas alejadas de la práctica religiosa. Algunos jóvenes reconocían abiertamente no tener creencias, pero acudían atraídos por el ambiente y la música. Las crónicas describen un entorno con dinámicas propias del ocio nocturno, difícilmente compatible con el carácter propio de un acto religioso.
Mensajes del Papa integrados en la música
Uno de los elementos centrales del evento fue la inclusión de palabras del Papa Francisco dentro de las mezclas musicales. Frases dirigidas a los jóvenes fueron incorporadas a las sesiones de techno, integradas en un formato propio del entretenimiento masivo.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, intervino también desde el escenario, afirmando que, pese a que Francisco no regresó a su país como Papa, su presencia sigue siendo percibida con fuerza entre los argentinos.

Un sacerdote DJ con proyección internacional
Guilherme Peixoto, ordenado sacerdote en 1999, ha desarrollado en paralelo una carrera como DJ, actuando en festivales y clubes de música electrónica en distintos países. Su popularidad se ha incrementado en los últimos años, especialmente tras su participación en la Jornada Mundial de la Juventud de 2023.
El propio sacerdote ha defendido que su objetivo es acercar un mensaje a jóvenes alejados de la Iglesia mediante un lenguaje que les resulte familiar.
Entre homenaje y confusión pastoral
El evento de Buenos Aires refleja una forma de conmemorar que rompe con los cauces propios de la tradición de la Iglesia. La combinación de música electrónica, ambiente festivo y referencias religiosas traslada lo sagrado al terreno del espectáculo.
Cuando un sacerdote actúa públicamente en ese contexto, su misión no puede desligarse del anuncio explícito de la fe. Sin embargo, la integración del mensaje religioso en dinámicas propias del entretenimiento termina por diluir su contenido y vaciarlo de su sentido propio.
No se trata solo de un cambio de lenguaje, sino de una alteración del fin: la transmisión de la fe queda subordinada al espectáculo, y el sacerdote aparece más como animador que como guía espiritual. En ese desplazamiento, el riesgo no es solo de forma, sino de fondo.
