El nuncio apostólico en España, Mons. Piero Pioppo, se presentó ante el episcopado español en la apertura de la CXXIX Asamblea Plenaria con una intervención centrada en la figura del Papa León XIV y en la preparación de su próxima visita al país.
Desde el inicio, quiso situar su misión en referencia directa al Pontífice: “no les hablaré de mí, sino de quien represento: el Santo Padre”, afirmó, trasladando a los obispos “su saludo y bendición”.
La primera tarea: preparar la visita de León XIV
Pioppo subrayó que la organización del viaje apostólico del Papa, previsto del 6 al 12 de junio, se ha convertido en su principal responsabilidad desde su llegada. “La preparación de su Viaje Apostólico a España […] se ha convertido, ya nada más llegar, en el honor de mi primera tarea”, señaló.
El nuncio agradeció el trabajo conjunto de diócesis, instituciones y voluntarios, convencido de que el encuentro será “fructuoso” y fortalecerá la vida de la Iglesia en España.
Un Papa cercano a España
Buena parte de su intervención estuvo dedicada a perfilar la figura de León XIV, destacando su vínculo con la tradición hispana y su conocimiento del país. “Sé bien que al Papa se le quiere. Se le quiere por todas partes. Veo que España ama al Papa”, afirmó.
Además, recordó que el Pontífice es heredero de una tradición cultural marcada por la presencia española y que ha vivido de cerca la labor evangelizadora en América, especialmente en Perú.
Identidad cristiana que “genera futuro”
En línea con el magisterio del nuevo Papa, Pioppo insistió en la importancia de mantener la identidad cristiana. Citando al propio León XIV, subrayó que “la fidelidad a la propia identidad genera futuro”.
En ese contexto, evocó la historia de España como nación abierta al mundo y con vocación universal: “España, fiel a sus raíces cristianas, nunca se ha encerrado en sí misma”, sino que ha estado al servicio de la paz y la solidaridad entre los pueblos.
La familia y la vida como base de la sociedad
El nuncio también puso el acento en el valor de la familia, definida como “base de la comunidad humana y humanizadora”, llamada a “amar y respetar íntegramente la vida, don de Dios”.
Esta referencia sitúa el núcleo del discurso en una visión clara de la sociedad, en la que la dignidad de la vida y el papel de la familia ocupan un lugar central.
Una Iglesia viva y en misión
Pioppo quiso destacar además la vitalidad de la Iglesia en España, a la que describió como capaz de ofrecer “no solo palabras de aliento, sino una ayuda eficaz” a quienes afrontan dificultades.
En ese sentido, animó a los obispos a ser “pastores entregados al ministerio de unidad y guías en el anuncio del Evangelio”, cuidando la celebración de los sacramentos y el testimonio de la caridad.
El discurso concluyó con una llamada directa a centrar la vida eclesial en Cristo: “¡Alzad la mirada! […] Fijos en Él, seguimos adelante”, exhortó el nuncio.