La diócesis de Madrid ordena a 17 nuevos sacerdotes en la Catedral de la Almudena ante más de mil asistentes

La diócesis de Madrid ordena a 17 nuevos sacerdotes en la Catedral de la Almudena ante más de mil asistentes

La Catedral de la Almudena acogió el sábado 18 de abril la ordenación sacerdotal de 17 nuevos presbíteros en una ceremonia presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo Cano, ante una asistencia que superó el aforo del templo.

De los 17 ordenados, 15 serán sacerdotes diocesanos de Madrid. Ocho se han formado en el Seminario Conciliar de Madrid (Miguel Fragoso, José María Ausín, Jaime Echanove, Guillermo Ara, José María González, Alberto del Olmo, Jesús Nistal y Alberto Ramírez) y siete en el Seminario Redemptoris Mater (Alejandro Cantos Rey, Lorenzo Carelli, Simone Colleluori, Francesc Xavier Esplugues Barquero, Marco Antonio González García, Andrés José Marín y Christian Oliveira dos Santos).

Completan el grupo un religioso, Javier Carmena, de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, y un sacerdote procedente de Haití, Almay Belizaire, de la diócesis de Jérémie.

La celebración congregó a más de mil personas en el exterior, además de los fieles que llenaban el interior del templo, lo que obligó a instalar pantallas para seguir la ceremonia desde fuera.

En su homilía, el cardenal destacó que la vocación sacerdotal responde a la llamada personal de Cristo, que “cambia la historia”, y advirtió de que el ministerio combinará momentos de alegría con situaciones de cansancio y dificultad.

Tomando como referencia el episodio evangélico del camino de Emaús, subrayó que el modelo sacerdotal pasa por el acompañamiento, la escucha y la cercanía, frente a planteamientos basados en el protagonismo o en respuestas prefabricadas.

El arzobispo insistió también en la necesidad de mantener la comunión eclesial en tres niveles: con el presbiterio, con el conjunto de los fieles y con los más necesitados, señalando que en estos últimos se manifiesta de forma especial la presencia de Cristo.

Asimismo, recalcó el carácter eucarístico del sacerdocio, indicando que la misión del presbítero no se limita a la celebración litúrgica, sino que implica la construcción de comunidades vivas y cohesionadas.

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