La Iglesia Católica en Suecia ha publicado un documento en el que establece con claridad que los fieles no pueden apoyar con su voto a partidos que promuevan el aborto o la eutanasia, al tratarse de cuestiones que afectan a principios morales fundamentales.
El texto, difundido por la comisión Justitia et Pax de la diócesis de Estocolmo con motivo de las elecciones previstas para septiembre de 2026, distingue entre valores absolutos —que obligan en conciencia— y cuestiones políticas opinables, donde cabe diversidad de criterio.
El derecho a la vida, un principio no negociable
El documento recuerda que “un valor fundamental y absoluto es el derecho de toda persona a la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, subrayando que este principio constituye la base de toda la doctrina social de la Iglesia.
En este sentido, señala que tanto el aborto como la eutanasia son “graves violaciones de la dignidad humana por lo que son en sí mismos”, independientemente de las circunstancias o motivaciones.
El texto advierte además de que estas prácticas afectan especialmente “a los más débiles, que no pueden defender por sí mismos su derecho a la vida”, insistiendo en que este derecho es la base sobre la que descansan todos los demás.
Una orientación clara para el voto católico
A partir de estos principios, el documento establece una consecuencia directa: los católicos tienen la obligación de orientar su voto de modo que se protejan estos valores fundamentales en la legislación.
“Es un deber para los católicos buscar partidos y candidatos a los que votar de manera que alguno de los valores absolutos pueda ser defendido en la legislación concreta”, afirma el texto.
Esto implica, en la práctica, que no es moralmente aceptable respaldar opciones políticas que promuevan o faciliten leyes contrarias al derecho a la vida.
Libertad en cuestiones políticas, no en principios morales
El documento introduce, sin embargo, una distinción clave: en materias como economía, seguridad, inmigración o políticas sociales, los católicos pueden tener legítimamente opiniones distintas.
Estas cuestiones pertenecen al ámbito de la “prudencia política”, donde “distintos cristianos pueden, con buena conciencia, llegar a conclusiones diferentes”, siempre que respeten los principios generales de la doctrina social de la Iglesia.
Un mensaje contracorriente en la Europa actual
La claridad del documento contrasta con el clima político dominante en buena parte de Europa, donde el aborto se considera un derecho consolidado y la eutanasia avanza progresivamente en distintos países.
En este contexto, la Iglesia en Suecia recuerda que no todas las cuestiones políticas tienen el mismo peso moral y que existen límites que no pueden ser traspasados sin comprometer la conciencia cristiana.
Un recordatorio que, lejos de entrar en debates partidistas, fija una línea nítida: hay principios —como la defensa de la vida— que no admiten excepciones ni equilibrios políticos.