¿León XIV está buscando una solución para la Misa tradicional?

¿León XIV está buscando una solución para la Misa tradicional?

Desde el pasado verano se ha ido configurando en el Vaticano una secuencia de audiencias que difícilmente puede considerarse casual. Desde agosto de 2025, el papa León XIV ha recibido a varias de las figuras más representativas del ala tradicional de la Iglesia: los cardenales Raymond Burke, Robert Sarah y Gerhard Müller; el obispo Athanasius Schneider; el cardenal Joseph Zen; y monseñor Fernando Rifan, administrador de la Administración Apostólica personal de Campos (Brasil), una de las estructuras canónicas que mantiene la liturgia tradicional en plena comunión con Roma.

El registro en el boletín de la Santa Sede muestra casi una audiencia por mes:

  • 22.08.2025 — Em.mo cardenal Raymond Leo Burke
  • 02.09.2025 — Em.mo cardenal Robert Sarah
  • 15.11.2025 — S.E. mons. Fernando Arêas Rifan, obispo titular de Cedamusa, administrador apostólico de la Administración Apostólica Personal de São João Maria Vianney (Brasil)
  • 18.12.2025 — S.E. mons. Athanasius Schneider, obispo titular de Celerina, auxiliar de María Santísima en Astana (Kazajistán)
  • 07.01.2026 — Em.mo cardenal Joseph Zen Ze-kiun, S.D.B., obispo emérito de Hong Kong (China)
  • 29.01.2026 — Em.mo cardenal Gerhard Ludwig Müller

Tomados por separado, estos encuentros podrían parecer parte normal de la agenda de cualquier pontífice. Pero considerados en conjunto —y en el contexto de la crisis litúrgica que vive la Iglesia desde Traditionis custodes— invitan al menos a una reflexión: ¿está León XIV buscando una solución estable para las comunidades vinculadas al Vetus Ordo?

Quizá podamos ser ingenuos al volver a plantearnos la pregunta.

Un debate que el consistorio no resolvió

El consistorio de enero había despertado grandes expectativas en este sentido. Durante semanas se especuló con la posibilidad de que la cuestión litúrgica encontrara allí un espacio de reflexión colegial entre los cardenales. Incluso el padre Louis-Marie de Blignières, fundador de la Fraternidad de San Vicente Ferrer (Francia), envió una carta a varios purpurados proponiendo explorar soluciones canónicas concretas para las comunidades vinculadas al rito antiguo.

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Nada de eso ocurrió finalmente. El consistorio —que decidió centrarse en cuestiones como la sinodalidad y la evangelización— no abordó públicamente el problema. El ambiente se tensó aún más tras la publicación del documento del cardenal Arthur Roche, interpretado por muchos como una reafirmación de la línea restrictiva establecida por Traditionis custodes.

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El tiempo corre hacia Écone 01-07

A esta situación se añadió un nuevo elemento de presión. A comienzos de febrero, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) anunció su intención de proceder a nuevas consagraciones episcopales el próximo 1 de julio en Écone, con o sin autorización de Roma.

Según explicó la propia Fraternidad, la decisión fue tomada «tras un largo proceso de reflexión, oración y consultas internas, y después de haber solicitado explícitamente a la Santa Sede una solución que garantizara la continuidad del ministerio episcopal dentro de la Fraternidad».

El anuncio ha reavivado inevitablemente el recuerdo de la crisis de 1988. Nadie desea una repetición de aquel episodio, pero tampoco puede ignorarse que la cuestión litúrgica sigue abierta y que miles de fieles viven hoy esta situación con incertidumbre: tanto dentro de la FSSPX como en las comunidades tradicionales que están en plena comunión con Roma.

Desde entonces, el debate ha continuado a través de cartas, declaraciones y comentarios que se cruzan entre distintos protagonistas del mundo eclesial.

Una propuesta sobre la mesa

En este contexto han comenzado a aparecer propuestas que buscan superar la confrontación que ha marcado el debate litúrgico durante décadas. En una entrevista reciente concedida a Famille Chrétienne, el padre Louis-Marie de Blignières ha insistido en la necesidad de abandonar los enfoques radicales.

«Dada la importancia y la duración de la crisis, hay que ser razonable y abandonar las lógicas totalitarias», afirma. El sacerdote rechaza tanto la idea de suprimir la liturgia tradicional como la de imponer universalmente el retorno al rito antiguo: «No deseo que se haga a los demás lo que se nos ha hecho a nosotros desde 1969».

Su propuesta —que ya había presentado antes del consistorio de enero— consiste en explorar la creación de un ordinariato para los fieles vinculados a la liturgia tradicional, inspirado en estructuras ya existentes en la Iglesia. Según Blignières, este marco permitiría garantizar el acceso estable al antiguo rito y a la pedagogía espiritual asociada a él, manteniendo al mismo tiempo la plena comunión con las diócesis y con la Iglesia universal.

El ordinariato —según su planteamiento— ofrecería un instrumento jurídico flexible para responder a las necesidades pastorales de muchos fieles que hoy viven esta cuestión con incertidumbre.

Pero ¿por qué podría ser esta propuesta una de las consideradas por León XIV?

Audiencias que invitan a reflexionar

Las audiencias celebradas en los primeros días de marzo añaden nuevos elementos a esta situación.

  • 02.03.2026 — S.E. mons. David Arthur Waller, ordinario del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham; S.E. mons. Steven Joseph Lopes, ordinario del Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro.
  • 05.03.2026 — El profesor Stephen Bullivant, con el profesor Stephen Cranney.

El lunes 2 de marzo, León XIV recibió a los responsables de dos de los ordinariatos personales establecidos para los fieles procedentes del anglicanismo: el de Nuestra Señora de Walsingham en el Reino Unido y el de la Cátedra de San Pedro en Estados Unidos y Canadá.

Estas estructuras, creadas por Benedicto XVI mediante la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, muestran cómo la Iglesia puede integrar tradiciones litúrgicas particulares dentro de la plena comunión eclesial.

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Tras la audiencia con el Papa, los responsables de los ordinariatos mantuvieron también una reunión con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, encabezado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, donde compartieron información sobre la vida de sus comunidades y reflexionaron sobre diversos aspectos de la transmisión de la fe.

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Este jueves, 5 de marzo, el Papa recibió además a los investigadores Stephen Bullivant y Stephen Cranney, conocidos por sus estudios sociológicos sobre el catolicismo contemporáneo y sobre las actitudes de los fieles hacia las distintas formas del rito romano.

La audiencia resulta particularmente significativa porque ambos están preparando una investigación dedicada específicamente a los católicos que asisten a la Misa tradicional. El estudio, titulado Trads: Latin Mass Catholics in the United States, será publicado en noviembre de 2026.

En un adelanto publicado en 2023, sus resultados preliminares muestran que el 98 % de los participantes —fieles que asisten a la Misa tradicional— afirmaba creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, frente al 69 % de los católicos en general que la consideran un símbolo. Asimismo, una amplia mayoría manifestaba aceptar la autoridad del Papa, y muchos expresaban también su aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, aunque distinguiendo entre los textos conciliares y algunas interpretaciones posteriores.

Los autores concluyen que la realidad de estas comunidades es más rica y plenamente eclesial de lo que a menudo sugieren ciertos estereotipos, y que los datos no respaldan la idea de que se trate de ámbitos marcados por actitudes cismáticas o por un rechazo sistemático del Magisterio.

El método de León XIV

Quizá todavía sea pronto para saber si León XIV prepara una iniciativa concreta. Pero la sucesión de audiencias de los últimos meses confirma al menos una actitud que el propio Papa anunció en una entrevista concedida a Elise Ann Allen:

«No he tenido la oportunidad de sentarme realmente con un grupo de personas que aboguen por el rito tridentino. Pronto se presentará una oportunidad, y estoy seguro de que habrá ocasiones para tratarlo».

No es necesario interpretar cada audiencia como una señal política. Pero tampoco parece razonable ignorar el contexto en el que se producen.

La esperanza —virtud profundamente cristiana— invita a pensar que Roma aún puede encontrar una palabra capaz de abrir ese camino.

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