Mons. Fellay defiende las nuevas consagraciones episcopales de la FSSPX: «Somos católicos y simplemente queremos permanecer católicos»

Mons. Fellay defiende las nuevas consagraciones episcopales de la FSSPX: «Somos católicos y simplemente queremos permanecer católicos»

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) vive días decisivos tras el anuncio realizado por su Superior General, el padre Davide Pagliarani, sobre la solicitud de nuevas consagraciones episcopales. En este contexto, monseñor Bernard Fellay —obispo suizo de la FSSPX— pronunció el pasado 8 de febrero, domingo de Sexagésima, una homilía en la que abordó directamente la cuestión y justificó la decisión apelando al “estado de necesidad” en la Iglesia.

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Desde el inicio de su sermón, Fellay reconoció la gravedad del anuncio y las reacciones encontradas que ha provocado entre los fieles. «No es difícil entender, dada la seriedad del asunto, que esto haya causado sentimientos contradictorios», afirmó, aludiendo tanto al alivio como al temor que ha suscitado la noticia.

Una decisión “muy seria”

Fellay subrayó que la consagración de obispos sin mandato pontificio no es un acto menor. «Este asunto es, en efecto, muy serio. Y un acto así solo puede justificarse por una situación proporcionada», señaló. Insistió en que no se trata de una decisión tomada por gusto o por impulso, sino que responde —según explicó— a un análisis de la situación actual de la Iglesia.

Reconoció que inmediatamente surgen acusaciones graves, como las de cisma o excomunión, pero sostuvo que la medida solo puede entenderse si se parte del diagnóstico que la Fraternidad mantiene desde hace décadas: la existencia de una crisis profunda en la Iglesia.

La noción de “crisis” y “estado de necesidad”

El obispo explicó que cuando la FSSPX habla de “crisis”, “estado de emergencia” o “estado de necesidad”, no niega la autoridad del Papa ni la estructura jerárquica de la Iglesia. «No negamos, en absoluto, que nuestra madre, la Iglesia Católica, necesita autoridades y tiene autoridades», afirmó. Y añadió que el Papa posee «la autoridad suprema en la tierra».

Sin embargo, recordó que el fin propio de la Iglesia es la salvación de las almas, misión confiada por Cristo. «El objetivo de la Iglesia ha sido dado por su fundador, Nuestro Señor mismo, y es la salvación de las almas», declaró. A su juicio, la situación actual debe evaluarse a la luz de ese fin.

Crisis doctrinal y pérdida de la fe

Gran parte de la homilía estuvo dedicada a describir lo que considera una crisis doctrinal generalizada. Fellay evocó declaraciones de san Juan Pablo II sobre la difusión de errores en universidades católicas y citó el análisis del entonces cardenal Ratzinger acerca de ciertas corrientes teológicas que, según dijo, diluyen la doctrina sobre Dios, la divinidad de Cristo y las verdades últimas.

Para ilustrar el deterioro catequético, relató casos concretos de jóvenes que desconocen oraciones fundamentales o aspectos básicos de la fe, así como situaciones de ignorancia respecto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No atribuyó estas carencias a mala intención, sino a una transmisión deficiente de la fe en amplios sectores de la Iglesia.

Asimismo, criticó planteamientos recientes sobre el pluralismo religioso, afirmando que tales afirmaciones afectan al dogma tradicional sobre la necesidad de la Iglesia para la salvación.

Autoridad y límites

Fellay abordó la relación entre autoridad y conciencia. Reconoció que el Papa posee el poder supremo, pero sostuvo que ese poder no es arbitrario. «La autoridad está siempre relacionada con la verdad y con el bien», afirmó, insistiendo en que su finalidad es la salvación de las almas.

Según explicó, cuando el ejercicio de la autoridad se aparta de ese fin, se produce un abuso que no puede obligar en conciencia. En este contexto mencionó cuestiones morales y pastorales actuales que, a su juicio, generan confusión entre los fieles.

“Operación supervivencia”

En la parte final de la homilía, el obispo evocó las consagraciones episcopales realizadas en 1988 por monseñor Marcel Lefebvre, calificándolas —como entonces— de «operación supervivencia». Reiteró que la intención no es romper con Roma ni fundar una estructura paralela, sino preservar la fe y los sacramentos tal como los entiende la Fraternidad.

«No es rebelión. No es que nos vayamos. No es construir una Iglesia paralela. En absoluto. Somos católicos y simplemente queremos permanecer católicos», afirmó.

Fellay concluyó llamando a la calma y a la confianza en la Providencia. Invitó a los fieles a no dejarse llevar por el pánico y a intensificar la oración en este momento delicado.

Un momento decisivo

Las palabras de Fellay se producen días antes del encuentro con el cardenal Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Una reunión que inevitablemente remite a 1988.

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El precedente histórico es evidente. En ese entonces, la Santa Sede declaró ilícitas las consagraciones y aplicó sanciones canónicas. Décadas después, parte de esas sanciones fueron levantadas, pero la situación canónica de la FSSPX sigue siendo irregular.

La cuestión de fondo permanece intacta: ¿existe realmente un estado de necesidad que justifique actuar sin mandato pontificio?

Lo que está claro es que la FSSPX ha decidido mover ficha en un momento en que la confusión doctrinal, la crisis de vocaciones y las tensiones internas de la Iglesia siguen abiertas. La reunión de este 12 de febrero marcar un nuevo capítulo en una relación que lleva años en tensión.

Las próximas semanas serán determinantes para saber si la Santa Sede opta por una nueva confrontación o por un intento de contención diplomática por parte el pontificado de León XIV.

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