El anuncio de unas posibles nuevas consagraciones episcopales por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) —extensamente comentado en los últimos días— ha puesto en tensión al mundo tradicional, y al pontificado de León XIV, ante una realidad que —hasta la fecha— habia intentado llevar en «silencio y escucha».
Sin embargo, la reciente entrevista al superior general de la FSSPX, don Davide Pagliarani, muestra que la decisión no se explica solo por una cuestión disciplinar o canónica. En el centro del conflicto aparece la figura del cardenal Víctor Manuel Fernández —Tucho— y la orientación doctrinal impulsada desde el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
No se trata simplemente de una relación deteriorada con “Roma” en abstracto, ni siquiera de un desacuerdo puntual con el Papa. Para la Fraternidad, el problema tiene un rostro concreto y un contenido preciso: una manera de entender el anuncio del Evangelio, la Tradición y la autoridad doctrinal que consideran incompatible con la fe católica recibida.
Mediador designado y punto de fricción doctrinal
Desde su nombramiento como prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe en 2023, Fernández ha asumido la gestión de los asuntos doctrinales más sensibles de la Iglesia: sinodalidad, moral sexual, liturgia y mariología. Para la FSSPX, Tucho es el símbolo de una línea doctrinal que la Fraternidad considera decisiva en el deterioro de las relaciones.
Al explicar por qué la situación se ha vuelto insostenible, Pagliarani no se detiene en problemas administrativos ni en la falta de reconocimiento jurídico. El foco está puesto en documentos, discursos y criterios teológicos concretos, directamente asociados al prefecto para la Doctrina de la Fe.
El kerygma separado de la Tradición
«El cardenal Fernández, en nombre del papa León, invitó a la Iglesia a volver a la intuición fundamental de Francisco, expresada en Evangelii gaudium, su encíclica clave: de manera simplificada, se trata de reducir el anuncio del Evangelio a su expresión primitiva esencial, en fórmulas muy concisas y contundentes –el «kerygma»–, con vistas a una «experiencia», a un encuentro inmediato con Cristo, dejando de lado todo lo demás, por valioso que sea; concretamente, el conjunto de los elementos de la Tradición, considerados como accesorios y secundarios.»
(Don Davide Pagliarani. Entrevista del 2 de febrero)
En sus declaraciones, Pagliarani describe con claridad lo que considera el núcleo del problema. Según explica, se está promoviendo una forma de anunciar el Evangelio que reduce el mensaje cristiano a su expresión más elemental —el llamado kerygma— con la intención de provocar una experiencia inmediata del encuentro con Cristo. El problema, sostiene, es que ese anuncio se realiza dejando de lado el conjunto de la Tradición doctrinal, moral y litúrgica, considerada secundaria o accesoria.
Este enfoque, impulsado desde Evangelii gaudium y retomado por Fernández en nombre del Papa, habría generado lo que la Fraternidad define como un vacío doctrinal, fruto de un cristianismo reducido a impacto pastoral pero desconectado del cuerpo orgánico de la fe. No se cuestiona la centralidad de Cristo, sino la pretensión de anunciarlo prescindiendo de aquello que la Iglesia ha custodiado durante siglos.
Sinodalidad y decisiones sin anclaje doctrinal
A este método se suma la práctica de la sinodalidad entendida no como discernimiento en continuidad, sino como sustitución de las respuestas tradicionales por decisiones nuevas, justificadas pastoralmente aunque carezcan de base doctrinal sólida.
«Ciertamente, en esta perspectiva hay que preocuparse siempre por ofrecer respuestas nuevas y adecuadas a las cuestiones que surgen; pero esta tarea debe realizarse a través de la reforma sinodal, y no redescubriendo las respuestas clásicas y siempre válidas, proporcionadas por la Tradición de la Iglesia.»
(Don Davide Pagliarani. Entrevista del 2 de febrero)
Pagliarani vincula directamente este modo de proceder con decisiones adoptadas en los últimos años, como la comunión para los divorciados vueltos a casar o la bendición de parejas del mismo sexo. Para la Fraternidad, no se trata de desarrollos pastorales discutibles, sino de consecuencias coherentes de un método que separa el anuncio del Evangelio de la doctrina moral y sacramental.
Mater Populi Fidelis como síntoma
En este contexto el documento Mater Populi Fidelis, lejos de ser percibido como un texto técnico más sobre mariología, es interpretado como un síntoma revelador de una orientación teológica restrictiva, especialmente en lo que respecta a la devoción y a los títulos marianos tradicionales —hecho que no solo llamó laatención de la FSSPX—.
Para la Fraternidad, el rechazo de determinadas expresiones marianas no es una cuestión terminológica, sino el signo de una mariología empobrecida, más preocupada por limitar que por custodiar la riqueza doctrinal recibida. En esta lectura, existe una continuidad clara entre la mariología y la decisión de asegurar, mediante consagraciones episcopales, la continuidad de lo que consideran la fe íntegra.
Una crítica que no queda aislada
El cardenal Joseph Zen también ha denunciado el carácter manipulador de ciertos métodos eclesiales actuales y ha advertido del peligro de atribuirlos al Espíritu Santo. Palabras de las que se hace eco la FSSPX y que demuestran además, que la deriva doctrinal no solo es vista por la Fraternidad. Pagliarani añade en su entrevista que «es de temer; por desgracia, que tenga razón», en referencia a las palabras del cardenal chino.
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Las cartas al Papa y el “filtro” doctrinal
«El verano pasado escribí al Santo Padre para solicitar una audiencia. No habiendo recibido respuesta alguna, escribí una nueva carta, unos meses más tarde; […] Una respuesta a esta segunda carta nos fue enviada desde Roma hace unos días, con firma del cardenal Fernández. Lamentablemente, esta respuesta desecha sin más nuestra proposición, sin ofrecernos una solución alternativa.»
(Don Davide Pagliarani. Entrevista del 2 de febrero)
Pagliarani afirma que intentó un contacto directo y filial con el Santo Padre, solicitando una audiencia y exponiendo con claridad sus necesidades y divergencias doctrinales. En su momento, la respuesta no llegó del Papa, sino firmada por Fernández, y descartó la propuesta presentada sin ofrecer una alternativa, al tiempo que evocaba la posibilidad de nuevas sanciones.
«Me parece sumamente importante poder entrevistarme con el Santo Padre y hay muchas cosas que estaría encantado de transmitirle y que no he podido poner por escrito. Lamentablemente, la respuesta recibida por parte del cardenal Fernández no prevé una audiencia con el Papa. En cambio, evoca la amenaza de nuevas sanciones.»
(Don Davide Pagliarani. Entrevista del 2 de febrero)
Para la Fraternidad, este hecho confirma que el conflicto no se está gestionando directamente a nivel pontificio, sino a través de un filtro doctrinal percibido como cerrado a cualquier solución pastoral razonable.
Tucho como juez y parte
Dos días después del anuncio de la FSSPX sobre los nombramientos episcopales, la Santa Sede nombró a Fernández como único interlocutor para llevar a cabo un diálogo con Pagliarani. Encuentro que quedó fijado para el 12 de febrero.
El cardenal Víctor Manuel Fernández, en cuanto prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, concentra tanto la orientación doctrinal que la FSSPX cuestiona como el papel de filtro exclusivo del diálogo, por lo que resulta realmente paradójico —y en cierto modo lamentable— que la figura que la Fraternidad identifica como uno de los principales factores del problema sea, al mismo tiempo, el único puente que Roma les ofrece.