León XIV: «La verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad de cada persona»

León XIV: «La verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad de cada persona»

Con motivo de la 12ª Jornada Mundial de Oración y Sensibilización contra la Trata de Personas, el papa León XIV ha lanzado una firme llamada a la comunidad internacional para afrontar lo que ha calificado como un “grave crimen contra la humanidad”. En su mensaje, el Pontífice ha vinculado de forma directa la lucha contra la trata con la construcción de una paz auténtica, basada no en el dominio ni en la fuerza, sino en el reconocimiento efectivo de la dignidad de toda persona creada por Dios.

León XIV ha advertido que la misma lógica que normaliza la violencia armada y el desprecio por las vidas humanas está en la raíz de fenómenos como la explotación, la esclavitud moderna y la llamada “esclavitud cibernética”, subrayando que mujeres, niños, migrantes y desplazados son las principales víctimas de estas redes criminales, alimentadas por los conflictos, la desigualdad económica y la indiferencia moral. Frente a ello, ha reclamado oración, sensibilización y una renovación cultural que vuelva a situar a la persona en el centro, recordando el testimonio de santa Josefina Bakhita como signo de esperanza cristiana.

Dejamos a continuación el discurso completo de León XIV:

La paz comienza con la dignidad:
una llamada global a poner fin a la trata de personas

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la 12ª Jornada Mundial de Oración y Sensibilización contra la Trata de Personas, renuevo firmemente la urgente llamada de la Iglesia a afrontar y poner fin a este grave crimen contra la humanidad.

Este año, en particular, deseo recordar el saludo del Señor Resucitado: «La paz esté con ustedes» (Jn 20,19). Estas palabras son más que un saludo; ofrecen un camino hacia una humanidad renovada. La verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad que Dios ha dado a cada persona. Sin embargo, en una época marcada por una violencia en aumento, muchos se ven tentados a buscar la paz «mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio» (Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 9 enero 2026). Además, en situaciones de conflicto, la pérdida de vidas humanas es, con demasiada frecuencia, desestimada por los promotores de la guerra como un “daño colateral”, sacrificada en la persecución de intereses políticos o económicos.

Lamentablemente, la misma lógica de dominio y desprecio por la vida humana alimenta también el flagelo de la trata de personas. La inestabilidad geopolítica y los conflictos armados crean un terreno fértil para que los traficantes exploten a los más vulnerables, especialmente a las personas desplazadas, a los migrantes y a los refugiados. Dentro de este paradigma resquebrajado, las mujeres y los niños son los más afectados por este comercio atroz. Además, la creciente brecha entre ricos y pobres obliga a muchos a vivir en condiciones precarias, dejándolos expuestos a las promesas engañosas de los reclutadores.

Este fenómeno resulta particularmente perturbador en el auge de la llamada “esclavitud cibernética”, mediante la cual las personas son atraídas a esquemas fraudulentos y actividades delictivas, como las estafas en línea y el tráfico de drogas. En estos casos, la víctima es coaccionada a asumir el papel de perpetrador, agravando sus heridas espirituales. Estas formas de violencia no son incidentes aislados, sino síntomas de una cultura que ha olvidado cómo amar como Cristo ama.

Ante estos graves desafíos, acudimos a la oración y a la sensibilización. La oración es la “pequeña llama” que debemos custodiar en medio de la tormenta, pues nos da la fuerza para resistir la indiferencia ante la injusticia. La sensibilización nos permite identificar los mecanismos ocultos de explotación en nuestros barrios y en los espacios digitales. En definitiva, la violencia de la trata de personas sólo puede superarse mediante una visión renovada que contemple a cada individuo como a un hijo amado de Dios.

Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a todos los que, como Cristo, sirven con delicadeza y consideración al acercarse a las víctimas de la trata, incluidas las redes y organizaciones internacionales. Quiero también reconocer a los sobrevivientes que se han convertido en defensores, apoyando otras víctimas. Que el Señor los bendiga por su valentía, fidelidad y compromiso incansable.

Con estos sentimientos, encomiendo a quienes conmemoran este día a la intercesión de santa Josefina Bakhita, cuya vida se erige como un poderoso testimonio de esperanza en el Señor que la amó hasta el extremo (cf. Jn 13,1). Unámonos todos en el camino hacia un mundo donde la paz no sea simplemente la ausencia de guerra, sino “desarmada y desarmante”, arraigada en el pleno respeto de la dignidad de todos.

Vaticano, 29 de enero de 2026

LEÓN PP. XIV

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