Sínodo de la Sinodalidad: Nombramientos episcopales, la puerta abierta a más participación

Informes intermedios de los diez Grupos de Estudio

Sínodo de la Sinodalidad: Nombramientos episcopales, la puerta abierta a más participación

El Vaticano ha publicado avances sobre los Informes intermedios de los diez Grupos de Estudio creados en 2024 para continuar el trabajo del Sínodo sobre la sinodalidad, un proceso que sigue redefiniendo los equilibrios internos entre la doctrina, la disciplina y la gobernanza de la Iglesia. A veinte meses de su constitución —y tras la muerte de Francisco y la elección de León XIV— estos grupos presentan ahora un primer balance de sus trabajos, mientras se aproxima la fecha fijada para la entrega de los informes finales: 31 de diciembre de 2025, una prórroga concedida por el actual Pontífice ante la complejidad y amplitud de los temas en discusión.

Los documentos publicados abarcan cuestiones muy diversas: desde la llamada “misión digital” hasta la participación de la mujer en la Iglesia, pasando por el ecumenismo, la poligamia, las tensiones doctrinales hoy calificadas como “cuestiones emergentes”, el papel de los nuncios, la elección de obispos y, por primera vez, la liturgia en perspectiva sinodal, uno de los nuevos grupos añadidos por León XIV tras el Documento final del Sínodo.

Un proceso que busca transparencia, pero que puede generar tensiones eclesiológicas

El Grupo de Estudio 7 ha presentado su informe intermedio sobre el proceso de selección de obispos. La intención declarada es mejorar la consulta y fortalecer la participación del pueblo de Dios, sin comprometer el papel decisivo del Sucesor de Pedro. Sin embargo, este debate se produce en un clima eclesial donde algunos sectores —especialmente en Europa central— presionan para transformar la elección episcopal en un proceso mixto o colegiado, lo que genera inquietud fundada sobre posibles desviaciones.

El informe reconoce la importancia de escuchar más voces y permitir que fieles cualificados aporten su experiencia y discernimiento. Pero también advierte, aunque de forma tímida, sobre el peligro de ampliar la participación sin una clara formación eclesial, lo que podría convertir un acto espiritual en un procedimiento sociológico. La Iglesia no elige obispos por votación ni por cuotas representativas, sino por discernimiento apostólico.

Alemania como advertencia: cuando la sinodalidad se convierte en cogobierno

Aunque el informe no menciona países concretos, resulta imposible ignorar el precedente alemán. El llamado Camino Sinodal propuso comités mixtos, vinculantes, en los que laicos y obispos decidirían juntos sobre cuestiones de gobierno, incluida la elección de candidatos al episcopado. La Santa Sede se vio obligada a intervenir en varias ocasiones para frenar propuestas que implicaban una ruptura con la eclesiología católica.

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El ejemplo alemán demuestra que la ampliación de la consulta, si no se define con límites precisos, puede degenerar rápidamente en un modelo de cogobierno que diluye la autoridad episcopal y convierte la sinodalidad en una forma de parlamentarismo eclesial. La Iglesia no puede permitirse reproducir este modelo en otros lugares.

La selección de obispos no puede convertirse en un proceso político

El informe del Grupo 7 subraya acertadamente que la participación debe ser cualitativa y no meramente cuantitativa. Sin embargo, esta afirmación debe traducirse en criterios firmes que garanticen que la consulta no se politice ni se instrumentalice según corrientes ideológicas locales. La confidencialidad, la prudencia y el discernimiento espiritual son indispensables para evitar la presión de grupos de interés.

La Iglesia necesita obispos santos, fieles, formados, capaces de enseñar con claridad y de gobernar con firmeza. La sinodalidad puede aportar elementos valiosos, pero no debe alterar el principio esencial: los obispos son elegidos por el Papa, no por mayorías ni por estructuras consultivas que aspiren a convertirse en deliberativas.

El Sínodo debe reforzar la unidad, no fragmentarla

Los resultados finales de este grupo serán determinantes. La Iglesia necesita transparencia, sí, pero también continuidad doctrinal y fidelidad a su tradición apostólica. La sinodalidad no puede convertirse en un laboratorio para experimentar modelos ajenos a la estructura sacramental del episcopado. El caso de Alemania debe servir de advertencia clara: cuando se diluye la autoridad apostólica, se debilita la Iglesia entera.

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