P. Roggio de la Pontificia Academia Mariana Internacional: “La experiencia mariana debe partir siempre de la Palabra de Dios”

P. Roggio de la Pontificia Academia Mariana Internacional: “La experiencia mariana debe partir siempre de la Palabra de Dios”

La reciente Nota doctrinal Mater Populi Fidelis, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sigue generando análisis dentro de la Iglesia. En una entrevista concedida a Acistampa el P. Gian Matteo Roggio, miembro de la Pontificia Academia Mariana Internacional, subraya que el documento busca orientar la teología y la piedad mariana para que permanezcan fieles a la doctrina de siempre y libres de excesos ajenos a la tradición. Según explica, la Santa Sede intenta responder a una preocupación manifestada por los últimos papas respecto a ciertos riesgos presentes en prácticas o discursos contemporáneos sobre la Virgen.

Lea también: El Vaticano desaconseja llamar a la Virgen “Corredentora” y pide prudencia con “Mediadora”

“El documento no aporta novedades, sino claridad”

El sacerdote afirma que la Nota no introduce doctrina nueva, sino que reafirma lo que la Iglesia ya ha enseñado: toda auténtica devoción mariana debe apoyarse en la Palabra de Dios y en el magisterio constante. Precisó que la cuestión no es solo evitar alteraciones doctrinales, sino también prevenir la falta de claridad que puede confundir a los fieles. Acoger a María en la vida cristiana —señala— exige recibirla según aquello que la Revelación muestra de ella, sin añadir elementos ambiguos que oscurezcan su verdadera misión.

Corredentora y Mediadora: por qué la Iglesia evita esos títulos

Roggio recuerda que la Iglesia rechaza aplicar el título de “Corredentora” porque podría colocar a María en un nivel equiparable al de Cristo, lo cual contradice la fe: María no es causa de salvación, sino primera redimida. Algo parecido ocurre con la expresión “Mediadora de todas las gracias”, que podría dar a entender que Dios estaría obligado a actuar siempre a través de una criatura. Dios comunica su gracia por los caminos que Él quiere, y la única “obligación” divina —explica el sacerdote— es la humanidad de Cristo. María participa en este misterio, pero como consecuencia de la Encarnación, no como causa.

Los títulos marianos: qué conservar y qué evitar

Sobre las letanías y los títulos tradicionales, el P. Roggio distingue entre el valor devocional del pasado y el discernimiento necesario para el presente. La Nota, afirma, no pide borrar títulos antiguos, pero sí evitar el uso futuro de términos que hoy generan confusión doctrinal. Subraya que el pasado debe entenderse adecuadamente, y que de ahí nace la necesidad de nuevas formulaciones más fieles al lenguaje de la Iglesia y a la sensibilidad teológica actual.

La experiencia mariana no nace de encuestas, sino de la vida de fe

El sacerdote rechaza la idea de “escuchar a la base” en sentido sociológico. La Iglesia —dijo— no define doctrina por mayorías. Sin embargo, reconoce que el Papa escucha la piedad mariana del pueblo mediante su vida sacramental, la participación en la liturgia, las obras de misericordia, las peregrinaciones y la oración cotidiana. Ahí se manifiesta la fe viva del pueblo de Dios, y ahí también la Virgen guía y acompaña según la voluntad del Señor.

Volver a la Escritura: el origen auténtico de la devoción a María

Para el P. Roggio, la cuestión central es recuperar la experiencia mariana enraizada en la Palabra de Dios. Los títulos marianos solo tienen valor cuando expresan el misterio revelado. El ejemplo más claro —explica— es el título de Madre de Dios, que contiene toda la doctrina de la Encarnación. Insiste en que este retorno a la Escritura es urgente, porque muchos fieles han perdido conciencia de verdades fundamentales, como la virginidad de María y su significado teológico. Su ejemplo de fe, su respuesta al anuncio del Ángel y su disponibilidad al plan de Dios siguen siendo el núcleo de toda auténtica mariología.

Sin necesidad de nuevos documentos, sino de asimilar lo ya enseñado

Preguntado sobre la conveniencia de un nuevo documento que responda a la pregunta “¿quién es María?”, el sacerdote sostiene que no es necesario. La Iglesia ya ha ofrecido un patrimonio doctrinal abundante: el capítulo VIII de Lumen Gentium, las exhortaciones Signum Magnum y Marialis Cultus, la encíclica Redemptoris Mater, así como las enseñanzas de los papas recientes. El desafío actual, afirma, es dar a conocer este tesoro, hacerlo accesible y unirlo a una verdadera vida de oración. Recordar que María es Virgen y Madre, que dijo un “fiat” decisivo para la salvación del mundo, es suficiente para orientar la piedad hacia su centro: Cristo, el único Salvador. María —concluye— está para conducirnos hacia Él, no hacia sí misma.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando