El Vaticano declara ‘no sobrenaturales’ las apariciones de Dozulé

El Vaticano declara ‘no sobrenaturales’ las apariciones de Dozulé

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha concluido oficialmente que las supuestas apariciones de Jesús en Dozulé, Francia, “no son de origen sobrenatural”. La resolución, firmada por el prefecto cardenal Víctor Manuel Fernández y aprobada por el papa León XIV el 3 de noviembre, confirma el juicio negativo que ya había expresado en los años ochenta el entonces obispo de Bayeux-Lisieux, Mons. Jean-Marie-Clément Badré.

Entre 1972 y 1978, una mujer llamada Madeleine Aumont aseguró haber recibido 49 apariciones de Cristo, en las que se le habría pedido erigir una monumental “Cruz Gloriosa de Dozulé”, de 738 metros de altura, que simbolizaría la redención universal. La cruz nunca llegó a construirse, aunque el movimiento devocional se extendió en distintos países, donde surgieron versiones reducidas llamadas “Cruces del Amor”.

El dictamen de Roma

El cardenal Fernández autoriza ahora al actual obispo de Bayeux-Lisieux, Mons. Jacques Habert, a emitir el decreto formal que cierre definitivamente el caso. El documento destaca los errores doctrinales y riesgos teológicos presentes en los mensajes atribuidos a Aumont: la identificación del signo material con la redención, la atribución de poder salvífico a un objeto y la promesa de perdón universal a quienes se acerquen a la cruz.

El Dicasterio recuerda que tales afirmaciones son incompatibles con la doctrina católica sobre la gracia y los sacramentos, y advierte contra toda forma de “sacralización del signo” que sustituya la fe interior por la devoción exterior.
«La cruz no necesita 738 metros de acero ni de hormigón para ser reconocida —afirma la carta—; se levanta cada vez que un corazón se abre al perdón o una alma se convierte».

Asimismo, el texto señala profecías incumplidas —como la afirmación de que el Año Santo de 1975 sería el último— y la tendencia milenarista de algunos mensajes sobre el retorno inminente de Cristo. La carta insiste en que la Iglesia se mantiene vigilante frente a cualquier intento de fijar fechas o condiciones del Juicio Final.

Una advertencia sobre las falsas devociones

Aunque reconoce los frutos espirituales de muchos fieles que han acudido movidos por sincera piedad, el documento enfatiza que ninguna revelación privada puede convertirse en obligación universal. La fe católica no se apoya en signos extraordinarios, sino en la revelación ya cumplida en Cristo.

El texto concluye: «La veneración de la Cruz forma una espiritualidad encarnada: no se adora el metal ni la madera, sino al Crucificado que ofreció su vida sobre ella».

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