El obispo Athanasius Schneider ha reaccionado con firmeza ante la nueva nota doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, titulada Mater Populi Fidelis (4 de noviembre de 2025), en la que el Vaticano declara que “es siempre inapropiado usar el título de Corredentora para definir la cooperación de María en la obra de la Redención”.
El documento, que busca aclarar el papel subordinado de la Virgen respecto a Cristo, sostiene que dicho título “puede crear confusión” y “eclipsar la mediación única y salvífica de Cristo”. Sin embargo, el obispo Schneider advierte que esta posición contradice siglos de enseñanza de santos, doctores y pontífices que han reconocido en María un papel singular y participativo en la redención del hombre.
“No puede sostenerse que el Magisterio ordinario, junto con los santos y doctores de la Iglesia, haya inducido al error a los fieles durante siglos por un uso ‘inapropiado’ de estos títulos marianos”, afirma Schneider.
Una tradición viva en la enseñanza de la Iglesia
El prelado recuerda que desde los primeros siglos, san Ireneo de Lyon enseñó que “María, por su obediencia, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano”. Los papas —desde León XIII hasta san Juan Pablo II— emplearon explícitamente los títulos de Corredentora y Mediadora de todas las gracias en sus encíclicas, discursos y enseñanzas.
León XIII, en Adjutricem Populi y Jucunda Semper Expectatione, describió a la Virgen como cooperadora en la redención y distribuidora de las gracias; san Pío X la llamó “Reparadora del mundo perdido” y “Dispensadora de todos los dones”; y Benedicto XV afirmó que “junto con Cristo redimió al género humano”.
Incluso Pío XI justificó el título de Corredentora al decir que “el Redentor no podía dejar de asociar a su Madre en su obra redentora”. Pío XII, en Mediator Dei, y san Juan Pablo II, en varias catequesis y homilías, confirmaron la mediación universal de María y su cooperación íntima en la salvación.
El debate sobre las palabras
La controversia lingüística no es menor. Mientras el texto original en español del Vaticano emplea el término “inoportuno”, la versión italiana habla de “inappropriato” —una palabra más fuerte—, y la versión inglesa añade el adverbio “siempre”, lo que endurece aún más el juicio. El portavoz vaticano Matteo Bruni explicó que el cambio busca “reflejar mejor el texto original”, aunque varios teólogos, como Schneider, advierten que el matiz podría implicar una desautorización total de títulos venerados por siglos.
Schneider: fidelidad al Magisterio ordinario y al sensus fidei
Para el obispo kazajo, negar estos títulos supone ignorar el sensus fidei —la intuición de fe del pueblo cristiano— que durante generaciones ha venerado a la Virgen como Corredentora y Mediadora. Cita ejemplos desde san Efrén el Sirio, quien la llamó “Mediadora de todo el mundo”, hasta san Bernardo, san Bernardino de Siena y Newman, quienes defendieron la cooperación mariana en la obra redentora.
El término Corredentora, explica Schneider, significa una cooperación subordinada y dependiente, nunca igualitaria con Cristo. Su uso es legítimo siempre que se conserve la primacía del único Redentor.
Una advertencia contra el olvido teológico
En su reflexión final, Schneider advierte que eliminar del lenguaje eclesial estos títulos empobrece la comprensión del misterio de la Redención y desfigura el vínculo profundo entre Cristo y su Madre. La devoción a María, dice, no resta nada a Cristo, sino que revela su obra salvadora con mayor claridad.
“María unida por un vínculo indisoluble a su Hijo y, por tanto, Madre de todos los redimidos”, concluye, recordando las palabras del Concilio Vaticano II en Lumen Gentium.
Dejamos el texto completo de Mons. Athanasius Schneider y traducido publicado en Substack por Diane Montagna:
A lo largo del tiempo, el Magisterio ordinario, junto con numerosos santos y doctores de la Iglesia, ha enseñado las doctrinas marianas de la Corredención y la Mediación, empleando expresamente los títulos “Corredentora” y “Mediadora de todas las gracias”.
Por tanto, no puede sostenerse que el Magisterio ordinario, junto con los santos y doctores de la Iglesia, haya conducido al error a los fieles durante tantos siglos por un uso “inapropiado” de estos títulos.
A lo largo de los tiempos, estas doctrinas marianas y los títulos asociados han expresado también el sensus fidei, el sentido de fe del pueblo cristiano.
Por consiguiente, al adherirse a esta enseñanza tradicional, los fieles no se apartan del recto camino de la fe ni de una piedad bien fundamentada hacia Cristo y su Madre.
En la Iglesia primitiva, san Ireneo de Lyon sentó las bases esenciales de estas doctrinas al afirmar:
“María, al obedecer, se convirtió en causa de salvación tanto para sí misma como para todo el género humano.”
Entre las afirmaciones del Magisterio ordinario de los Papas sobre la corredención y mediación de María, destacan:
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León XIII, en Adjutricem Populi (1895), llama a la Virgen “cooperadora en la obra de la redención y dispensadora de las gracias que de ella fluyen”.
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En Jucunda Semper Expectatione (1894), enseña que “la oración a María sigue a su oficio de Mediadora de la gracia divina”, citando a san Bernardino de Siena:
“Toda gracia concedida al hombre pasa de Dios a Cristo, de Cristo a la Virgen, y de la Virgen a nosotros.”
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San Pío X, en Ad Diem Illum (1904), explica que María “participó tan íntimamente en la Pasión de su Hijo, que si hubiera sido posible, habría aceptado sufrir todos sus tormentos”, y de esa unión “mereció convertirse en la Reparadora del mundo perdido y Dispensadora de todos los dones”.
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Benedicto XV, en Inter Sodalicia (1918), afirma que María “se unió a la Pasión y muerte de su Hijo… de tal modo que puede decirse con razón que, junto con Cristo, redimió al género humano”.
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Pío XI enseña:
“El Redentor no podía dejar de asociar a su Madre en su obra; por eso la invocamos como Corredentora.”
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Pío XII, en Mediator Dei (1947), subraya que “Dios quiso que todo nos llegara por medio de María”.
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San Juan Pablo II habló reiteradamente de la Corredentora y Mediadora de todas las gracias:
“María participó de modo admirable en los sufrimientos de su Hijo divino para ser Corredentora de la humanidad.”
“Su mediación está esencialmente definida por su maternidad divina.” -
Benedicto XVI afirmó:
“No hay fruto de gracia en la historia de la salvación que no tenga como instrumento necesario la mediación de la Virgen.”
Asimismo, san John Henry Newman defendió el título ante un prelado anglicano que lo rechazaba, diciendo:
“Habrían considerado pobre compensación que protestaras contra llamarla Corredentora, después de llamarla Madre de Dios, Nueva Eva, Madre de la Vida, Cetro de la Ortodoxia y Madre de la Santidad.”
El término Corredentora, explica Schneider, significa una cooperación subordinada y dependiente, nunca igualitaria con Cristo. Su uso es legítimo siempre que se conserve la primacía del único Redentor.
Por todo ello, el obispo concluye que no existe “riesgo doctrinal alguno” en emplear estos títulos de modo adecuado, pues enfatizan el papel de María unida por un vínculo indisoluble a su Hijo y, por tanto, Madre de todos los redimidos (cf. Lumen Gentium, 53 y 63).
Cita finalmente a san Efrén el Sirio, quien rezaba:
“Oh Señora, Madre santísima de Dios y llena de gracia, a través de ti hemos sido reconciliados. Después de la Trinidad, tú eres la Señora de todas las cosas; después del Paráclito, otra consoladora; y después del Mediador, la Mediadora del mundo entero. Después de Dios, tú eres toda nuestra esperanza.”
