Mientras en Estados Unidos los católicos se escandalizan por los premios de Cupich a un político abortista, en España el espectáculo es aún más grave y sostenido: aquí, los gurús de los medios propiedad de la Conferencia Episcopal —desde Carlos Herrera hasta Ángel Expósito, pasando por Jorge Bustos y toda la línea editorial de COPE— viven en un estado de sumisión sonrojante al Partido Popular. Mientras en Estados Unidos su Conferencia Episcopal frena el escándalo de un premio a un abortista, en España se eleva al abortismo a la línea editorial oficial de los medios de la Conferencia Episcopal.
Ayer, Alberto Núñez Feijóo volvió a recordarnos que su compromiso con el aborto no es un lapsus, sino una convicción: garantizó públicamente el “derecho” a matar niños en el vientre materno. No es nuevo, pero sí una nueva constatación de que la incoherencia ya es doctrina oficial en los medios de los obispos que gestionan Restán y Barriocanal.
Hace apenas unos días, buena parte del mundo católico se revolvía ante el nuevo episodio del “catolicismo Cupich”: el cardenal de Chicago premiando a Dick Durbin, senador demócrata y adalid del aborto. Un gesto tan incoherente que logró que los obispos estadounidenses se movilizasen y frenasen el escándalo.
Pero si Cupich confundió, nuestros obispos directamente escandalizan. Porque lo suyo no es un desliz teológico o un mal discernimiento pastoral, sino una política comunicativa sostenida y planificada.
En España, la entera Conferencia Episcopal Española —progresistas y conservadores incluidos— ha convertido sus medios de comunicación en un instrumento de propaganda partidista. No al servicio del Evangelio, sino del Partido Popular. Y no de forma sutil o disimulada, sino con una obediencia que provoca sonrojo: Carlos Herrera marcando línea desde el amanecer, Jorge Bustos repartiendo absoluciones editoriales y Ángel Expósito cerrando el día con sermones de partido.
Basta escuchar una hora de COPE para comprobarlo: la defensa del aborto o la tibieza moral del PP no se cuestionan jamás; se aplauden, se justifican o se ignoran. Mientras tanto, toda voz provida que no pase por Génova 13 es invisibilizada o ridiculizada.
Y ayer, por si alguien aún dudaba, Feijóo despejó cualquier equívoco: en un comunicado oficial, garantizó “explícitamente” el derecho al aborto. El líder del partido protegido por los medios de los obispos se declara garante del crimen más grave de nuestro tiempo, y desde la Conferencia Episcopal… un silencio absoluto que contrasta con recientes reacciones altivas verborreicas. Debe ser más importante el uso de un polideportivo municipal en un pueblo Murcia que el asesinato masivo de niños por nacer.
Silencio de los progresistas, claro está, pero también de los conservadores. De los que posan cada marzo en la Marcha por la Vida, de los que tuitean rosarios y hablan de “batallas culturales”.
De modo que sí: Cupich puede descansar tranquilo. En España ya lo hemos superado. Si en Chicago un cardenal premia a un abortista, aquí toda una Conferencia Episcopal sostiene, financia y promociona mediáticamente a los suyos. Y lo hace, además, con una sonrisa institucional, un discurso de “unidad” y un contrato publicitario de por medio.
La túnica inconsutil, versión española, viene con patrocinio político, pauta publicitaria y bendición episcopal