La parroquia de la Inmaculada Concepción de Saint-Ours, en Quebec, ha quedado en ruinas tras un incendio causado por una tormenta eléctrica según informa Radio Canadá.
Un incendio devastador redujo a escombros, el pasado jueves (17 de julio) por la tarde, la iglesia patrimonial de la Inmaculada Concepción, ubicada en Saint-Ours, en la región de Montérégie (Quebec, Canadá). El fuego, que se desató poco después de las 18:00 horas, habría sido provocado por un rayo que impactó directamente en el techo del templo, según las primeras informaciones oficiales.
La estructura, construida entre 1880 y 1882 y registrada en el Répertoire du patrimoine culturel du Québec, no resistió las llamas: el techo se prendió fuego rápidamente y el campanario se desplomó debido a la intensidad del incendio. El fuerte viento complicó aún más las labores de los más de 70 bomberos desplegados desde diversas localidades cercanas.
Una comunidad herida en su alma
La población de Saint-Ours se despertó conmocionada. Para muchos residentes, esta iglesia no solo era un monumento histórico, sino el corazón espiritual y cultural del pueblo.
Esto parte el alma. Es nuestro patrimonio lo que hemos perdido. Es como si hubiéramos perdido el alma de Saint-Ours”, lamentó una vecina visiblemente afectada.
Mi esposo y yo nacimos aquí. Lo hicimos todo en esta iglesia”, añadió otra residente, emocionada.
El alcalde de Saint-Ours, Sylvain Dupuis, también expresó su pesar en una entrevista radial:
Es una cicatriz en pleno centro del pueblo. Es el núcleo de nuestra comunidad. Tantas personas se han casado allí… Dos de mis hijas fueron bautizadas en esa iglesia”, confesó con la voz quebrada.
Un templo que custodiaba la historia
Además de su valor arquitectónico y religioso, la iglesia de la Inmaculada Concepción albergaba bajo su estructura un cementerio histórico. “Saint-Ours fue un señorío. Todos nuestros señores, del primero al último, yacen bajo esta iglesia”, explicó el alcalde Dupuis en un comunicado. “No se trata solo de decidir qué hacer con el edificio. Tenemos que preguntarnos cómo preservar ese cementerio”.
Afortunadamente, el convento, la escuela y el presbiterio adyacentes no fueron alcanzados por las llamas, según comunicó la municipalidad el jueves por la noche.
Esta tragedia pone nuevamente de relieve la fragilidad del patrimonio religioso en Occidente y la necesidad urgente de conservar estos espacios que son testigos de la fe y la historia de las comunidades.