Hay un nombre que es el que más se ha repetido estos días en los encuentros mantenidos con diversas figuras relevantes de la Iglesia: el cardenal Pietro Parolin.
El actual Secretario de Estado del Vaticano, vuelve a sonar con fuerza en los pasillos vaticano como posible figura de consenso de cara a la elección del nuevo Papa. Aunque su estrella parecía haberse apagado en los últimos años por su distanciamiento con el papa Francisco y su papel controvertido en algunos episodios recientes, fuentes eclesiales consultadas por este medio apuntan a una revalorización de su perfil entre sectores conservadores que buscan un cambio de rumbo sin una ruptura frontal.
El distanciamiento personal y de gobierno entre Parolin y el pontífice argentino se acentuó en los últimos años. «El Papa lo ninguneaba, no lo escuchaba», confiesa un alto prelado con larga trayectoria en la curia romana. Sin embargo, algunos ven en ese alejamiento una oportunidad: Parolin ha sabido mantener un perfil diplomático y evita identificarse con ninguna facción abiertamente, lo cual podría jugar a su favor como candidato de equilibrio.
Su papel en los pactos firmados entre la Santa Sede y China es valorado de forma desigual. Sus críticos lo ven como un lastre, pero sus defensores subrayan su visión pragmática y capacidad de mantener puentes abiertos en terrenos diplomáticos complejos. Una reputada voz hispana de la curia vaticana alababa en privado las gestiones de estos años del cardenal Parolin por entablar diálogo con el régimen comunista chino. En cambio, este asunto ha sido señalado y cuestionado en estos últimos días por importantes voces que provienen desde Estados Unidos que denuncian que el acercamiento del Vaticano al régimen chino puede suponer un blanqueamiento de la dictadura de Pekín.
Otro veterano monseñor del Vaticano, confesaba a InfoVaticana que su candidato favorito era Parolín hasta que estalló toda la polémica con el Valle de los Caídos. En España, la gestión del cardenal diplomático italiano ha sido muy cuestionada entre los católicos que les costaría tener que asumir que el próximo Papa haya sido el principal valedor de los pactos con el Gobierno de Pedro Sánchez para la mal llamada ‘resignificación’ de la Basílica del Valle de los Caídos. Los purpurados españoles deberán contar con esto: la elección de Parolín podría traducirse en un aumento de desafección y de división entre los católicos españoles.
El bloque ortodoxo busca orden tras el “caos Bergogliano”
La ofensiva del bloque disconforme con el pontificado de Francisco está en marcha, aunque sin un candidato claramente definido. Los purpurados de esta sensibilidad admiten en privado que es improbable lograr un papa 100% alineado con su ortodoxia doctrinal por la composición actual del Colegio Cardenalicio. En ese escenario, Parolin aparece como una figura aceptable para algunos que, sin pertenecer plenamente al sector, podría devolver al Vaticano cierta claridad normativa tras lo que consideran una etapa marcada por el “gobierno paralelo”, el desprecio por el derecho canónico y que ha dejado muchas víctimas por el camino debido a la peculiar manera de gobernar de Francisco
El trabajo intenso de cardenales como Raymond Burke en estos días ha incluido encuentros discretos con purpurados más jóvenes, como el australiano Mykola Bychok, en un intento de articular una mayoría coherente con un programa que salve lo esencial e incluso que el próximo Papa esté dispuesto a deshacer lo más controvertido del Pontificado de Francisco.
Esta idea no es tan descabellada como algunos pueden pensar. Lo cierto es que el cardenal estadounidense ha pedido a los fieles intensificar las oraciones de cara al Cónclave y no esconde que la situación es delicada. En estos momentos, la prioridad (como reconocen muchos en privado) es buscar perfil “santo, doctrinalmente claro y con capacidad real de gobierno”. Al bloque ortodoxo que lideran Burke, Müller y Sarah, pueden unirse otros purpurados periféricos como Ambongo en África, Goh y Lazzaro You en Asia o Sturla y Leo en América.
Todo ello sin olvidar a los dos candidatos europeos que son vistos con buenos ojos por cardenales de distintas sensibilidades como el holandés Willem Eijk y el sueco Anders Arborelius, figuras que –pese a su carácter más reservado– podrían congregar apoyos tanto en sectores conservadores como entre los llamados «bergoglianos moderados». Preferido por muchos, antes que Eijk y Arborelius, pero con menos probabilidades de poder salir elegido está el reputado canonista húngaro Péter Erdö.
Reconocer los límites: ni revolución doctrinal ni retroceso total
Aunque las tensiones ideológicas siguen marcando el ambiente, incluso cardenales progresistas han admitido a InfoVaticana que «la doctrina no se cambia». La batalla, reconocen muchos, está más en el plano comunicativo y pastoral que en el dogma. Lo que parece estar en juego es quién puede encarnar un pontificado que combine fidelidad doctrinal con verdadera capacidad de gobierno.
El malestar con iniciativas ambiguas como el documento Fiducia supplicans, que ha dado alas a interpretaciones polémicas sobre las bendiciones a parejas del mismo sexo, ha generado inquietud transversal. «No podemos permitir que figuras como James Martin sigan diciendo que lo que hacen es lo que enseña la Iglesia», comenta con resignación un monseñor.
A falta de dos días para que los cardenales se encierren en la Capilla Sixtina para elegir al nuevo Papa, varios purpurados que tendrán derecho a voto confiesan que aún quedan temas por tratar y voces que escuchar. Desde fuera, muchos presenciaremos atónitos como personajes tan controvertidos como Hollerich, McElroy, Radcliffe o Cupich tendrán derecho a votar al 267º Sucesor de San Pedro.