Roma. La Ciudad Eterna bulle estos días con la expectación previa al cónclave. Los pasillos, cafés y restaurantes cercanos al Vaticano son un hervidero de cardenales, periodistas, clérigos y opinadores de todo pelaje. También nosotros hemos estado paseando por la ciudad, encontrándonos a no pocos rostros conocidos.
Pero si hay un encuentro que no olvidaremos ha sido el de esta tarde. Caminando por los aledaños de Borgo Pio me he encontrado, nada menos, que con el jesuita James Martin y el británico Austin Ivereigh, dos de los mayores entusiastas del pontificado de Francisco y defensores incansables de la línea sinodal, inclusiva y dialogante… al menos sobre el papel.
Al verlos, mi amigo y acompañante en este viaje ha querido saludarles, y nos hemos presentado: “Somos de InfoVaticana”. La reacción ha sido instantánea y, francamente, reveladora. James Martin, el autor de “Construyendo puentes”, ese libro que presume de tender puentes entre la Iglesia y las periferias, ha optado por dar media vuelta y ofrecernos la espalda sin pronunciar palabra. Nada de diálogo, ni puentes, ni saludo. Puro muro. Qué significativo. No debemos ser de su tipo.
Austin Ivereigh, por su parte, sí nos ha dirigido la palabra… aunque quizás habría preferido no hacerlo. Visiblemente molesto —y cada vez más a medida que avanzaba la conversación— se ha levantado y ha venido hacia nosotros y nos ha reprochado con vehemencia la “campaña” que, según él, estamos haciendo contra el cardenal Robert Prevost. “Muy interesante la campaña que estáis haciendo contra Prevost”, ha dicho, con un tono que mezclaba rabia y frustración.
Cuando le hemos respondido: “No hombre, contra Prevost no; contra la cultura del encubrimiento en la Iglesia, ¿que ahora estás a favor?”, la incomodidad ha sido palpable. Nervioso, Ivereigh ha mencionado alguno Sodalicio como supuesto origen de la información, y cuando le hemos explicado que hay muchos casos y todos documentados ha insistido, irónico, en que InfoVaticana “siempre tiene más”, en referencia a los documentos que venimos publicando sobre el caso. Su reacción no deja lugar a dudas: Prevost era su hombre, el candidato en el que tenían depositadas todas sus esperanzas.
La escena no pudo ser más ilustrativa. A pocas horas de que empiece el cónclave, los golpistas están nerviosos. Y no porque alguien esté difamando a Prevost, sino porque la verdad está saliendo a la luz. Porque los documentos, los testimonios y las omisiones están ahí, documentadas y publicadas. Y vienen más.
Es revelador: el mismo entorno que pide sinodalidad, transparencia y puentes de diálogo, no soporta que se iluminen las zonas oscuras de sus protegidos. Y es que, para algunos, la cultura del encubrimiento no es un pasado que hay que superar, sino una estrategia que aún intentan mantener.
En InfoVaticana seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre: contar lo que otros prefieren callar. Porque si algo ha demostrado el encuentro de hoy, es que hay quien teme, y mucho, que sigamos contando más.