¿Y si esta semana la liturgia eligiera al Papa?

¿Y si esta semana la liturgia eligiera al Papa?

Con el Papa Francisco ya fallecido hace una semana y los cardenales reunidos en Roma en espera del próximo cónclave, los católicos rezan para que el Espíritu Santo ilumine a quienes tienen la tarea de elegir al próximo sucesor de Pedro. Pero quizá no hace falta mirar tan alto: basta con mirar el calendario litúrgico.

El periodista Philip Lawler lo ha señalado con agudeza. Esta semana, mientras los purpurados pasean por los jardines vaticanos y “disciernen”, la Iglesia celebra a una alineación de santos que parece enviada directamente como hoja de ruta para elegir un Papa. Veamos:

Martes: Santa Catalina de Siena.
Doctora de la Iglesia, consejera de Papas y látigo de tibios. Le dijo al Papa Gregorio XI que dejara de lloriquear en Aviñón y regresara a Roma a hacer su trabajo. Hoy la mandarían a un “proceso sinodal de escucha” para que aprenda a no incomodar.

Miércoles: San Pío V.
El Papa dominico que reformó la Iglesia tras Trento, codificó la Misa tradicional y derrotó al Islam en Lepanto rezando el Rosario. Hoy sería considerado un “nostálgico preconciliar” al que no dejarían acercarse a la Casa Santa Marta.

Jueves: San José.
El custodio del Redentor. Varón justo, silencioso, obediente a Dios. No escribió documentos ni organizó sínodos continentales, pero protegió al Verbo encarnado. Exactamente lo contrario de muchos prelados de hoy.

Viernes: San Atanasio.
Obispo de Alejandría, exiliado cinco veces por negarse a tragarse la herejía arriana. Cuando el mundo entero parecía haber apostatado, él se mantuvo firme. No era “pastoral”, pero era católico.

Con semejante santoral, uno se pregunta si no sería mejor dejar la elección papal en manos del calendario litúrgico. Porque mientras algunos cardenales siguen buscando “perfiles inclusivos”, los santos de esta semana nos recuerdan que lo que la Iglesia necesita no es otro gestor, ni un influencer, ni un burócrata con bonhomía.

Necesitamos un sucesor de Pedro que, como Catalina, diga la verdad sin miedo; como Pío V, defienda la liturgia y la fe sin complejos; como José, obedezca a Dios antes que a los hombres; y como Atanasio, esté dispuesto a ser odiado con tal de no traicionar a Cristo.

Si los cardenales no toman nota, no podrán decir que el Cielo no les avisó.

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