La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha anunciado que, conforme a sus disposiciones internas, celebrará en cada una de sus casas una Misa de Réquiem por el eterno descanso del Papa. Este gesto, profundamente eclesial, desmiente las caricaturas que presentan a la Fraternidad como un grupo aislado o radicalizado: su respuesta es litúrgica, silenciosa y orante.
Aunque su estatus canónico sigue siendo irregular, la FSSPX no está excomulgada ni fuera de la Iglesia. De hecho, desde el motu proprio Summorum Pontificum y especialmente durante el pontificado de Benedicto XVI, se han dado pasos significativos hacia la reconciliación, incluyendo el levantamiento de las excomuniones a sus obispos en 2009 y el reconocimiento de la validez (y en algunos casos licitud) de sus confesiones y matrimonios.
En la actualidad, la Fraternidad cuenta con más de 600 sacerdotes y continúa siendo una fuente notable de vocaciones, especialmente entre los jóvenes que buscan una formación profundamente doctrinal y una vida litúrgica enraizada en la tradición. Su presencia está viva en decenas de países, con seminarios, escuelas y apostolados florecientes.
Una de las tareas más esperanzadoras para el nuevo Papa podría ser precisamente esta: culminar el proceso de plena integración de la FSSPX en la vida jurídica de la Iglesia. Sería un gesto de unidad que, lejos de ceder ante el pasado, reconocería el valor de una fidelidad perseverante a lo permanente.