A lo largo de toda la semana, muchos fieles católicos se movilizaron para llenar el domingo el Valle de los Caídos para mostrar su apoyo a los monjes benedictinos y decirle a le jerarquía eclesial que con el actual Gobierno no hay nada que pactar.
La desconexión entre los actuales pastores que tenemos en España y el grueso de los fieles católicos comprometidos de verdad con su fe empieza a ser abismal. Los obispos españoles se afanan estos días en sacar pecho por el pacto con el Gobierno tras haber conseguido que se mantenga la cruz del Valle de los Caídos, la sacralidad de la Basílica y la comunidad benedictina, pero para muchos es insuficiente y piden a los obispos que no cedan (aún más) al chantaje del Gobierno para resignificar (más bien profanar) gran parte del templo.
Aunque la convocatoria principal era llenar la Misa de 13:00, la Misa anterior, la de las 11:00, estuvo a rebosar. Desde media hora antes de que diera comienzo había largas colas para acceder al interior de la Basílica. Una vez dio comienzo la Misa (en la que concelebró como uno más el padre Santiago Cantera), todos los bancos quedaron ocupados y lo que fue más llamativo fue ver la gran cantidad de familias al completo y gente joven que decidieron romper con su comodidad habitual y acudir el domingo a Misa al Valle de los Caídos.
Como es habitual en la Misa celebrada por los monjes benedictinos, el cuidado y la belleza de la liturgia fue excepcional y deja asombrado a cualquiera que asista allí a Misa por primera vez. Afortunadamente, independientemente de quien predique, el contenido de las homilías es siempre de profundo calado espiritual. Sin entrar en la polémica de estos días, el monje celebrante quiso recordar que fue precisamente en abril de 1960, cuando el Papa Juan XXIII firmó la carta apostólica Salutiferae Crucis por la que se elevaba al rango de Basílica Menor la iglesia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.
Los que salieron de Misa de 11 alrededor de las 12:30, se encontraron con una inmensa fila de gente que se agolpaba para entrar a la Misa siguiente. Durante una hora, no paró de entrar fieles a la Misa de 13.00 que se abarrotó. De nuevo, más gente joven seguía acudiendo a la llamada de ir el domingo al Valle de los Caídos para decirle alto y claro a los obispos españoles que no quieren ninguna resignificación. En la explanada, los jóvenes de Revuelta desplegaron una gran pancarta que decía ‘Reconstruiremos todo lo que destruyan’. Esa acción bastó para que la Guardia Civil que merodeaba por allí identificase a todos los que participaron en el despliegue de la pancarta.
Vamos a defender lo nuestro y vamos a reconstruir todo lo que derriben.
¡El tiempo, el combate y la justicia nos darán la victoria! pic.twitter.com/7awkMmhNXs
— Revuelta (@revuelta_es) April 6, 2025
El sentimiento que reinaba entre los fieles miles de fieles que pasaron este domingo por el Valle de los Caídos era prácticamente unánime: oposición total a ceder ante el Gobierno y pactar la resignificación de parte de la Basílica. Lo que también quedó patente es la desconexión, cada vez mayor, que existe entre los fieles comprometidos y la mayor parte de la jerarquía eclesial de este país y anda por otros derroteros.
Aunque las acciones durante estas últimas semanas se han multiplicado para defender la integridad del Valle de los Caídos, los obispos españoles siguen enrocados en defender su actuación por haber logrado éxitos significativos frente a los planes iniciales que pretendía acometer este Gobierno, pero parecen no entender que lo que muchos fieles exigen es que se opongan frontalmente a cualquier intento del Gobierno por modificar el Valle de los Caídos tal y como se conoce hoy en día.
En estos tiempos en los que tanto se habla de sinodalidad y escucha entre unos y otros, parece que los obispos españoles no están muy por la labor de dialogar con su rebaño y atender las demandas de estos. Tal es así, que el pasado jueves huyeron de la sede de la Conferencia Episcopal Española para no tener que cruzarse con las decenas de personas que se concentraron a las puertas de la CEE que reclamaban ser escuchados por sus pastores.