La cofradía de los traidores: cuando la Conferencia Episcopal pidió que se aprobara la ley del aborto

La cofradía de los traidores: cuando la Conferencia Episcopal pidió que se aprobara la ley del aborto
Conferencia Episcopal Española

«Porque mi madre era de esta cofradía, que si no yo me daba de baja ahora mismo». Así respondió Manuel Fraga, fundador de Alianza Popular, tras colgar el teléfono al secretario general de la Conferencia Episcopal Española, que acababa de pedirle —con toda tranquilidad— que dejara de oponerse a la ley del aborto.

La anécdota la cuenta Jorge Verstrynge, que fue testigo directo, en una entrevista y en sus memorias. Y uno se pregunta: ¿cuántas llamadas más como esa se han hecho desde las oficinas alfombradas de Añastro?

Corría 1985, y mientras Alianza Popular hacía una campaña de obstrucción sistemática en el Senado para frenar la ley, la jerarquía eclesiástica llamaba a hurtadillas a los políticos para pedirles que se quitaran de en medio. ¿A cambio de qué? De dinero. Al día siguiente de la famosa llamada, los periódicos publicaban la foto de Alfonso Guerra rodeado de obispos. Se había firmado la renovación del acuerdo de financiación de la Iglesia vía IRPF. El aborto entraba por la puerta, y el óbolo entraba por la ventana. Miserable trueque.

La historia sería grotesca si no fuera trágica. ¿Cuántos millones de niños han sido asesinados en el vientre de sus madres desde aquel pacto infame? ¿Y cuántas misas por los no nacidos se han celebrado a cambio del treinta por ciento del IRPF? ¿Cómo se atreven ahora los mismos obispos a hacer campañas de concienciación provida cuando ellos mismos allanaron el camino al genocidio legal de inocentes?

No nos engañemos: la jerarquía eclesiástica española no ha cambiado. Sigue obedeciendo más a los presupuestos del Estado que a los mandamientos de Dios. Ayer presionaban para que se aprobara la ley del aborto; hoy apoyan manifestaciones proislámicas en Salt, celebran el Ramadán, bendicen la agenda 2030 y se muestran encantados con el progresismo eclesial más sonrojante. Siempre con una mano en la cruz y la otra en la caja.

Y mientras tanto, los fieles de a pie —esos que todavía creen en el Evangelio, en la Misa y en los Diez Mandamientos— son despreciados como ultracatólicos, como cavernícolas, como rémoras del pasado. Pero que no se preocupen: nosotros sí recordamos. Y no olvidamos que si España aún conserva un resto de fe, no ha sido gracias a la cofradía episcopal de los traidores, sino a los mártires, a los confesores y a los católicos anónimos que jamás vendieron su alma por un plato de lentejas fiscales.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando