¡Que siga la revolución! Las hienas no perdonan ni la fragilidad de Francisco

¡Que siga la revolución! Las hienas no perdonan ni la fragilidad de Francisco
Sor Lucia Caram

La ansiedad con la que algunos quieren seguir administrando a un anciano doliente es digna de estudio.

Lo vimos con Biden, cuya mujer —esa nueva Lady Macbeth que le empujaba a arrastrarse por los escenarios del mundo— es símbolo de la crueldad envuelta en afecto. Y lo vemos ahora con Francisco, con un sector de la Iglesia que no soporta la idea de un Papa que no pueda “seguir la revolución”.

Las hienas se relamen. Porque, aunque Francisco esté hecho polvo, su mera presencia sirve para mantener viva la agenda de los que han hecho del poder su religión. Lo importante no es su salud, ni siquiera su dignidad. Lo importante es que no cambie el viento. Que no llegue alguien que, Dios no lo quiera, cierre la puerta a los abusos de poder, los experimentos doctrinales y los juegos de laboratorio sinodal.

El vídeo de Sor Lucía Caram celebrando que “¡se queda!” es revelador. No importa que el anciano papa esté enfermo, agotado o limitado. Lo único que importa es que siga, porque mientras siga, sigue la revolución. No hay compasión ni cuidado, solo ideología. Son hienas, y no lo esconden. No puede ni respirar y le quieren profundizando en el sínodo de la sinodalidad a ver qué pueden destrozar.

¿Dónde queda la caridad hacia quien sufre? ¿Dónde el respeto al misterio de la enfermedad y la vejez? Para estos mercaderes del caos, solo existe el Papa como estandarte, como escudo humano de sus desmanes. Si Francisco no puede, que lo maquillen, que lo muevan, que lo usen. Como a Biden. Que se vea que “manda”, aunque apenas pueda hablar o moverse. Y si muere en el cargo, mejor. Así podrán construir su martirologio revolucionario.

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