El arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz, celebró en la capilla de la residencia del Seminario metropolitano la misa del Miércoles de Ceniza.
En la celebración estuvieron presentes los seminaristas y formadores y también la comunidad de Franciscanas del Buen Consejo, la comunidad de Focolarinas y el personal no docente.
El arzobispo franciscano alertó en su homilía del peligro de acostumbrarnos «un año tras otro a la Cuaresma» y que por tanto «no nos aporte nada». Citando a San Pablo, Sanz Montes animó a «estar abiertos a que Dios nos pueda sorprender» y así «dejarnos reconciliar por Dios».
Con suma claridad, el arzobispo de Oviedo pidió no confundir el ayuno cuaresmal «con el Ramadán, ni tampoco con una dieta». Monseñor Jesús Sanz recordó que «el ayuno cristiano es el que me invita a prescindir de todo aquello que no me alimenta, que no me permite crecer como hijo de Dios, como verdadero cristiano».
Sobre la oración, el prelado asturiano pidió no confundirla con la recitación de oraciones vocales y animó a frecuentar durante estos días la oración mental para «sabernos mirados, queridos y esperados por ese Dios que no se ausenta, que tiene algo que decirme amorosamente».
Respecto a la práctica de la limosna, el arzobispo de Oviedo hizo hincapié en que «no son sólo las monedas que podemos ofrecer a una persona que las necesita, que también si lo hacemos con la conciencia de por Quién lo estamos realizando, sino que es la entrega de mi vida a los demás, desde nuestra vocación. La limosna de nuestro tiempo, de nuestra inteligencia, de nuestro afecto a quienes tenemos delante y lo pueden necesitar».