La Conferencia Episcopal Española ha decidido que el 1700 aniversario del Concilio de Nicea no puede pasar desapercibido. Y, ¿qué mejor forma de celebrarlo que con un acto ecuménico en el que se renueve la fe de Nicea? Porque, claro, el problema actual no es la falta de fe, sino su renovación.
El concilio de Nicea, como todos sabemos, fue un momento clave en la historia de la Iglesia: el emperador Constantino reunió a los obispos para poner orden en el caos doctrinal, y allí nació el famoso Credo Niceno. También fue el concilio en el que san Nicolás, el auténtico san Nicolás, patrón de los niños y de los herejes apaleados, no pudo soportar más las sandeces de Arrio y le cruzó la cara con un sonoro bofetón. No sabemos si fue una piadosa cachetada o un gancho de derecha con el sello de la Tradición, pero el hecho quedó para la posteridad.
Uno esperaría que en este nuevo evento de inspiración niceana, la Conferencia Episcopal tuviera el buen gusto de mantener las costumbres, pero con las sensibilidades modernas no podemos aspirar a tanto. ¿O sí?
Desde aquí lanzamos una sugerencia: ya que la moda ecuménica es incluir a todo el mundo, propongo que el acto culmine con un bofetón simbólico. Por ejemplo, podríamos traer a algún obispo emérito –si es que queda alguno con arrestos– para que propine una santa torta a algún cursi teólogo progre, de esos que escriben libros con prólogos de cardenales y venden más ejemplares en librerías laicas que en parroquias. Sería un gesto de unidad cristiana que rememore el espíritu de san Nicolás. Total, si en Nicea se solucionaban los debates teológicos a base de tortas, ¿por qué no recuperar las mejores tradiciones?
El presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, monseñor Francisco Conesa, ha presentado un borrador de la Declaración ecuménica. No sabemos si en dicho texto se recoge la condena a la herejía arriana con la contundencia de antaño, pero, si por casualidad aparece alguna frase ambigua que permita hacer malabarismos doctrinales, confiamos en que un san Nicolás redivivo pueda restablecer el orden con el método tradicional.
Estaremos atentos a ver qué tal se desarrolla la celebración. Y, por supuesto, si se atreven a incluir un homenaje a la verdadera esencia de Nicea, lo aplaudiremos