Tiempos decisivos los que estamos viviendo, cuando nos encontramos con la eternidad, en que la bondad de nuestro padre Dios ilumina los momentos actuales que vive su Iglesia y, de manera especial, Francisco.
No son solo momentos de especulación, ni de señalamientos de papables. También son, y deben ser, tiempos de oración: Francisco es un cristiano al borde de la muerte, y necesita nuestras plegarias. Tampoco es momento de una acción precipitada. Por ello esta reflexión profunda debe presidir nuestros pensamientos y nuestras decisiones.
La enfermedad y fragilidad actual del santo padre son un regalo que nos hace Dios a toda la Iglesia y, especialmente, a él, sea para ayudarle a tener una Buena Muerte, sea para fortalecer su fe. También es para la Iglesia una llamada fuerte al silencio y a la oración para acompañar como buenos hijos y hermanos al vicario de Cristo.
Es la hora de la verdad de un Dios que perdona y respetar delicadamente la libertad del Papa . Nov es la hora de ponerse al día de prisa y corriendo.
María, con su silencio cuida a su Iglesia, y el rezo del Santo Rosario canaliza nuestra adhesión a Pedro.