El silencio de la fiebre y la transparencia que falta

El silencio de la fiebre y la transparencia que falta
Hospital Gemelli

El Vaticano insiste en que el Papa Francisco está estable, sin fiebre y continuando con la terapia prescrita. Sin embargo, el cambio en el tono de la comunicación oficial y los últimos detalles filtrados sobre su estado de salud dibujan un cuadro mucho menos optimista de lo que quieren hacer creer.

Lo que comenzó como una bronquitis crónica ha evolucionado en una «infección polimicrobiana en las vías respiratorias», con cambios en la terapia y una hospitalización obligada por la «complejidad del cuadro clínico».

El Vaticano no ha usado términos como «evolución favorable» ni ha hablado de una recuperación en marcha, solo de que el Papa sigue en tratamiento. Pero lo más llamativo es la ausencia de fiebre.

Cuando la fiebre no es buena señal

En un joven, la fiebre es una molestia; en un anciano con una infección grave, es una señal de que su sistema inmunológico aún está luchando. La fiebre es una respuesta natural del cuerpo a una infección, y que Francisco no tenga fiebre en este contexto no es motivo de tranquilidad, sino de preocupación.

Hay dos razones por las que esto podría estar ocurriendo:

1. Su sistema inmunológico está demasiado débil para generar fiebre, algo que puede pasar en ancianos con infecciones avanzadas o en personas que han estado mucho tiempo con corticoides, como es su caso.

2. La infección es tan grave que el cuerpo ya no está reaccionando a ella, lo que puede ser un indicio de insuficiencia respiratoria o incluso de una fase inicial de sepsis.

Si el tratamiento estuviera funcionando bien, lo esperable sería que la fiebre disminuyera gradualmente. Pero el Vaticano no está diciendo que el Papa esté mejorando, solo que su estado es «estacionario», una palabra que puede significar muchas cosas, pero difícilmente una recuperación clara.

Falta de transparencia en los comunicados

El Vaticano ha manejado con ambigüedad toda la información sobre la salud del Papa. Se ha hablado de «optimismo» y de que está realizando «algunos trabajos y lecturas», pero al mismo tiempo se reconoce que la infección es compleja y que ha sido necesario modificar la terapia varias veces. Se insiste en su «buen ánimo», pero no se informa sobre aspectos clave como su nivel de oxigenación, si necesita asistencia respiratoria o si hay afectación pulmonar confirmada.

Si el Papa estuviera evolucionando bien, sería fácil decirlo. Pero el hecho de que sigan utilizando un lenguaje vago y evasivo sugiere que su estado es más delicado de lo que quieren admitir.

Si Francisco estuviera mejorando, ¿por qué no decirlo claramente? Si su estado no es crítico, ¿por qué no dar información médica concreta sobre su evolución? En estas situaciones, el silencio y la falta de claridad suelen ser la antesala de noticias mucho más graves. El Papa sigue sin fiebre, sí, pero en este caso, esa podría ser la peor noticia de todas.

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