Francisco como arma arrojadiza

Francisco como arma arrojadiza
Salvador Illa, presidente de la Generalidad de Cataluña

Por enésima vez, el Papa Francisco se convierte en un recurso dialéctico para desautorizar a quienes denuncian la islamización de Europa.

Esta vez, el encargado de blandir su figura como un garrote contra sus adversarios ha sido Salvador Illa (PSOE), que ha invitado a Ignacio Garriga (VOX) a “leer al Papa” tras sus advertencias sobre la inmigración y la islamización en Cataluña. Es decir, que si usted señala un problema real y contrastado, no se preocupe: le sacarán una cita de Francisco para deslegitimarlo.

Este uso del Pontífice como escudo de la izquierda política no es casual ni reciente. En los últimos años, hemos visto cómo sus declaraciones son amplificadas cuando sirven para promover una agenda progresista y silenciadas cuando contradicen los dogmas del globalismo. Francisco habla de acogida y fraternidad sin límites, pero guarda silencio ante la persecución de cristianos en países musulmanes. Reprende a los católicos que defienden sus tradiciones, pero concede audiencias y bendiciones a políticos abortistas.

Mientras tanto, la realidad sigue su curso. La inmigración masiva y descontrolada no es solo una cuestión de hospitalidad cristiana; también es un problema de seguridad, identidad y convivencia. Y cuando se habla de la “islamización” de Europa, no se trata de una teoría conspirativa, sino de una evidencia: en muchas ciudades europeas, los barrios musulmanes funcionan bajo normas propias, la sharía se impone de facto en ciertas comunidades y la libertad religiosa y de expresión se ven amenazadas.

El Catecismo de la Iglesia Católica es claro cuando habla de la inmigración: sí a la caridad, pero también a la prudencia y a la responsabilidad (CEC 2241). Pero parece que estas referencias doctrinales no son tan útiles como las apelaciones genéricas a la fraternidad universal.

El problema de fondo es que la Iglesia, bajo este pontificado, ha renunciado a ser un faro moral firme y coherente. En lugar de eso, se ha convertido en un instrumento útil para la agenda política de turno, dependiendo de quién lo cite y para qué. Y mientras Francisco sigue siendo utilizado como arma arrojadiza contra los que defienden Europa, la fe y la razón, el problema de fondo sigue agravándose.

Quizás, en lugar de invitar a Ignacio Garriga a leer al Papa, sería más útil invitar al Papa a leer el Catecismo.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando