Las “obispas” no existen, pero los obispos deberían existir

Las “obispas” no existen, pero los obispos deberían existir
La "obispa" anti-Trump, Mariann Edgar Budde

La imagen es llamativa: una “bishopette” episcopal, figura inexistente en la realidad sacramental de la Iglesia Católica, utiliza el púlpito para lanzar acusaciones contra el presidente Donald Trump.

Por supuesto, no es de extrañar que sus palabras estén plagadas de errores teológicos y afirmaciones completamente falsas. Sin embargo, lo que debería ser un espectáculo irrelevante para cualquier cristiano fiel se convierte en motivo de reflexión, porque lo que esta mujer tiene es algo que a muchos obispos católicos en Estados Unidos parece faltarles: valentía.

No nos engañemos. En la Iglesia Católica no existen “obispas” ni jamás podrán existir. La ordenación sacerdotal está reservada a los hombres por voluntad expresa de Cristo, una realidad que no depende de debates culturales ni de adaptaciones modernas. Por tanto, cualquier intento de una figura femenina por ejercer un papel episcopal no solo es inválido, sino una burla al diseño divino. Pero el problema aquí no son las palabras de esta mujer, sino la pasividad de quienes sí deberían hablar con autoridad.

Mientras esta figura, por más equivocada que esté en lo teológico y lo político, no tuvo reparos en enfrentarse abiertamente a Trump, los obispos católicos americanos han optado por un escandaloso silencio ante el actual presidente Joe Biden, quien se presenta como «católico» mientras impulsa políticas abiertamente abortistas. Durante cuatro largos años, la jerarquía católica no encontró la voz para desafiar con firmeza estas acciones, dejando a los fieles con la amarga sensación de abandono.

Es importante recalcar que lo que esta “bishopette” dijo no merece aplausos, pues fueron auténticas barbaridades desde cualquier perspectiva católica. Pero, ¿por qué una figura no reconocida por la verdadera Iglesia muestra más decisión que la mayoría de los obispos reales? ¿Es falta de convicción, miedo al conflicto o, peor aún, complicidad con el poder político?

El contraste no puede ser más doloroso. Los obispos católicos, sucesores de los apóstoles, están llamados a ser testigos de la verdad con claridad y valentía. No pueden permitirse el lujo de esconderse tras discursos ambiguos o estrategias de apaciguamiento. La fe exige confrontación cuando la cultura o el poder político contradicen el Evangelio, y ese deber no puede ser eludido sin traicionar su misión.

No se trata solo de palabras, sino de acción. No se puede condenar con tibieza el aborto mientras se otorgan privilegios sacramentales a quienes promueven esta cultura de muerte. Tampoco se puede esperar que los fieles tomen en serio las enseñanzas de la Iglesia si sus propios pastores no están dispuestos a defenderlas con determinación.

En tiempos de confusión, el pueblo de Dios necesita pastores auténticos que prediquen con claridad, vivan en coherencia y actúen con valentía. Porque si los que deben ser luz del mundo permanecen ocultos, otros, incluso aquellos que están completamente equivocados, ocuparán el espacio. Es hora de que los obispos católicos se levanten y hagan lo que esta “obispilla” jamás podrá hacer: proclamar la verdad en toda su plenitud, sin miedo ni ambigüedad.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando