Francisco y su tirria a la política migratoria de Trump

Francisco y su tirria a la política migratoria de Trump

Leo que el Papa dice que las deportaciones que propone Trump son «una vergüenza». A veces, la realidad supera la sátira. Resulta que, desde las sacrosantas estancias del Vaticano, donde las murallas no solo son históricas, sino funcionales, se nos da otra lección magistral sobre cómo gestionar inmigración.

En un programa de televisión italiana, el Papa Francisco se lanzó con fervor evangélico contra la «agenda de deportación masiva» de Donald Trump. Y aunque uno esperaría palabras de compasión o incluso una sugerencia viable, lo que nos dejó fue una crítica que parece diseñada para encender titulares y no resolver problemas.

Porque, ¿qué mejor manera de enfrentar las crisis migratorias que señalar los defectos de otros mientras uno permanece cómodamente inmóvil tras muros que harían palidecer a los de cualquier frontera estadounidense? Quizás es fácil predicar cuando las normativas migratorias del Vaticano aseguran que no haya ni un solo refugiado durmiendo en los jardines vaticanos. Por no mencionar que cualquier intento de solicitar «residencia» en la Ciudad del Vaticano es tan probable como que el Papa salga en camiseta y bermudas.

«Esto no es cómo se resuelven las cosas», dice Su Santidad. Claro que no, porque si algo sabe hacer el Vaticano es resolver cosas a lo grande. ¿Recuerdan las generosas políticas de acogida? Ah, cierto, esas solo existen para refugiados seleccionados cuidadosamente para sesiones fotográficas. Mientras tanto, las deportaciones y normativas migratorias se endurecen para garantizar que la tranquilidad espiritual no sea perturbada por la realidad del mundo.

Uno se pregunta: ¿qué tan grande es la distancia entre el discurso y la práctica cuando el líder de una institución que apenas acoge inmigrantes señala con dedo inquisidor a países que lidian con miles diariamente? ¿Acaso es otro ejercicio de «haz lo que digo, no lo que hago»?

Si el Papa realmente cree que las normas de Trump son una desgracia, quizás podría comenzar ofreciendo una alternativa práctica. ¿Por qué no abrir los jardines vaticanos para crear refugios temporales? ¿O tal vez permitir que las lujosas dependencias apostólicas se conviertan en hogares para familias necesitadas? Pero no, parece que la teología de la inmigración no incluye actuar, solo sermonear.

Quizás lo que realmente necesitamos es un poco menos de predicación y un poco más de coherencia. Porque, hasta entonces, escuchar lecciones de migración desde el Vaticano es como escuchar sobre austeridad de un magnate en su yate privado: irónico, cómico y tristemente desconectado.

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