El sacerdote excomulgado en Costa Rica: figura destacada del tradicionalismo

El sacerdote excomulgado en Costa Rica: figura destacada del tradicionalismo

El sacerdote José Pablo de Jesús Tamayo, sacerdote costarricense recientemente excomulgado por el Vaticano, ha sido una figura destacada en la defensa de la liturgia tradicional y un referente para muchos fieles en Costa Rica.

Su vida y ministerio han estado marcados por su profunda fe y su férrea convicción en preservar las tradiciones litúrgicas, lo que lo llevó a enfrentamientos con las autoridades eclesiásticas locales.

Ordenado sacerdote con un profundo amor por la liturgia tradicional, el Padre Tamayo se ganó el respeto de numerosos fieles al ofrecer la Misa Tridentina en Costa Rica. En una entrevista realizada en 2012, expresó su compromiso con esta forma de celebración, afirmando que representaba «una riqueza espiritual inestimable para los fieles». En la misma entrevista, subrayó la importancia de preservar la espiritualidad tradicional de la Iglesia: «La Misa Tridentina no es solo un acto litúrgico, es un encuentro profundamente espiritual con Dios que transforma al alma. Es un tesoro que debemos custodiar y transmitir a las futuras generaciones».

A pesar de las restricciones impuestas en varias diócesis del país, el sacerdote continuó celebrando en privado, con la aprobación inicial de su obispo. Sin embargo, las condiciones eran estrictas: las misas debían realizarse en su capilla privada y sin publicidad masiva. Esto limitó el alcance de su apostolado, aunque la capilla continuó llenándose por el boca a boca de los fieles que buscaban una liturgia más tradicional.

Conflictos con las autoridades eclesiásticas

Las tensiones entre el Padre Tamayo y las autoridades eclesiásticas comenzaron a intensificarse tras la llegada de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) a Alajuela, lo que atrajo a numerosos fieles descontentos con las restricciones en la Arquidiócesis de San José. Este fenómeno debilitó la cooperación de grupos como Una Voce Costa Rica con las diócesis locales, y las actividades tradicionales quedaron relegadas.

Durante la pandemia de 2020, cuando se permitió a los sacerdotes grabar las misas, el Padre Tamayo reabrió una página para transmitir la Santa Misa diaria. Sin embargo, esta iniciativa solo duró tres días, ya que el arzobispo ordenó su cierre inmediato. Este episodio marcó un punto de inflexión en su relación con la jerarquía eclesiástica.

En 2021, las restricciones aumentaron cuando la Diócesis de Alajuela suspendió a otro sacerdote, el Padre Sixto, por celebrar la misa del Novus Ordo en latín y «ad orientem». Este hecho contribuyó a que más fieles acudieran a la FSSPX, situación que no hizo más que exacerbar las tensiones en ambas diócesis.

Un ministerio bajo constante vigilancia

A pesar de las restricciones, el Padre Tamayo continuó celebrando la misa en su capilla privada, pero bajo órdenes explícitas de no atraer nuevos fieles ni utilizar medios digitales. Su labor pastoral permaneció limitada, aunque seguía contando con un grupo sólido de fieles. En sus homilías, el sacerdote abordaba temas delicados como las críticas a documentos como Amoris Laetitia, el ecumenismo y otros aspectos de la Iglesia moderna, lo que incomodaba a algunos sectores de la jerarquía.

En palabras del propio sacerdote, recogidas en 2012, su vocación estaba inspirada en el deseo de una Iglesia fiel a sus raíces: «La tradición es el cimiento sobre el que la Iglesia ha sido edificada; sin ella, nos arriesgamos a perder nuestra identidad espiritual».

Finalmente, la acusación de rechazar la autoridad del Papa Francisco fue el detonante que llevó a su excomunión, un proceso que, según fuentes locales, habría sido iniciado desde el Vaticano en coordinación con la Archidiócesis de San José.

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