La transparencia de Añastro: ¿vocaciones? Sí. ¿Dónde? ‘Top Secret’

La transparencia de Añastro: ¿vocaciones? Sí. ¿Dónde? ‘Top Secret’
Seminaristas del Triveneto en oración durante su peregrinación jubilar con el Papa León XIV.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha anunciado a bombo y platillo un dato “esperanzador”: 1.036 seminaristas para el curso 2024-2025. Superamos el millar, señores. Champagne en Añastro.

Pero, un momento… ¿en qué diócesis están esos valientes que han decidido entregar su vida al sacerdocio? Pues no lo sabemos, porque la transparencia de la CEE tiene un límite, y ese límite es revelar qué obispos tienen seminarios que funcionan y cuáles llevan años secos como un erial.

No vaya a ser que alguien se entere de que, casualmente, las diócesis con obispos que predican más la ideología de género que el Evangelio son también las más «esterilizadas». Porque, claro, sería un escándalo que los fieles descubrieran que las vocaciones no surgen donde los pastores se dedican a protestar con pancartas en lugar de enseñar a sus ovejas a rezar. La sinodalidad, al parecer, incluye ocultar los frutos para que nadie pase vergüenza.

Pero no nos precipitemos. Tal vez haya una razón pastoral para este silencio. Quizás la CEE teme que al comparar números alguien se pregunte cómo es posible que en una diócesis minúscula con un obispo de sotana y rosario haya más seminaristas que en toda una metrópoli donde el pastor luce más cómodo en zapatillas deportivas. Tal vez quieren evitar debates innecesarios sobre qué tipo de obispo da frutos y cuál no. Transparencia, sí, pero solo hasta donde no moleste.

Mientras tanto, nos piden que confiemos. Que celebremos esos 1.036 seminaristas sin hacernos preguntas incómodas. Que miremos el bosque, pero no los árboles. Y, sobre todo, que no levantemos la alfombra, no vaya a ser que debajo descubramos que los frutos espirituales dependen, qué ironía, de predicar el Evangelio con fidelidad y no de jugar a ser activista social.

Al final, la verdadera vocación aquí parece ser la de ocultar datos. Porque en el reino de la transparencia episcopal, lo único realmente transparente es el esfuerzo por no dejar en evidencia a los obispos que han hecho del estancamiento un arte. ¡Bravo, Añastro! Otro éxito en la comunicación pastoral.

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