El pro Prefecto del Dicasterio para la Evangelización desde Sevilla: «el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos»

El pro Prefecto del Dicasterio para la Evangelización desde Sevilla: «el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos»

La ponencia titulada ‘La misión evangelizadora, alma de las hermandades’ fue impartida este miércoles por monseñor Salvatore Fisichella, pro prefecto del Dicasterio para la Evangelización. Este evento marcó el inicio del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, que tiene lugar en Sevilla durante esta semana.

Monseñor Fisichella comenzó su intervención citando la constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, enfatizando la necesidad de crear un marco teológico que resalte la importancia de la piedad popular y de las cofradías en la enseñanza conciliar. La presentación fue introducida por monseñor Jesús Catalá, obispo de Málaga, quien destacó al ponente afirmando que “la nueva evangelización la lleva en el alma”.

Durante su exposición, el pro prefecto subrayó que “si fuésemos capaces de mirar la historia de las cofradías con ojos que recuerden la riqueza de la tradición para humanizar nuestro presente, podríamos alcanzar una revalorización histórica y teológica genuina”. Asimismo, destacó que las cofradías y hermandades han sido pilares en la historia de la fe, por lo que recuperar el contexto histórico y eclesial de su origen permitiría renovar las motivaciones para su existencia.

Fisichella apuntó que, aunque se han realizado diversos esfuerzos en esta dirección, “aún falta un horizonte teológico coherente con el desarrollo de la vida de fe y el testimonio que de ella se deriva”. Además, afirmó que las cofradías “deberían integrarse en el proceso de tradiciones que definen la gran tradición de la Iglesia”.

Alertó también sobre la necesidad de que la Iglesia evolucione al ritmo de los tiempos, ya que “si faltan las bases racionales, todo se reduce a devocionismos… La fe exige entrar en profundidad, más allá de investigaciones sociológicas que muestran crisis o abandono de la práctica religiosa, sin considerar otras manifestaciones de la fe presentes”.

En su análisis, monseñor Fisichella advirtió sobre la tentación de descartar tradiciones del pasado por considerarlas incapaces de responder a los desafíos actuales. “Desechar tradiciones sin comprender su significado original es una actitud arrogante. La humildad para retomar su sentido original permitiría una comprensión más profunda y evitaría juicios apresurados”. Subrayó que, aunque no se debe caer en la nostalgia, tampoco se puede perder el sentido histórico necesario para comprender las culturas y sus expresiones.

El pro prefecto reflexionó sobre la regla de la continuidad, destacando que “la discontinuidad como regla del progreso conduce a la esterilidad, mientras que la continuidad fecunda el trabajo, permitiendo entrar en el espíritu del tiempo”. Afirmó que “la tradición es la fe viviente de los muertos, mientras que el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos”, insistiendo en que la tradición es esencial para el futuro.

En su discurso, también abordó el impacto de la cultura digital y la inteligencia artificial, destacando que estos avances modifican radicalmente nuestro modo de pensar y actuar. Esto plantea un desafío para la evangelización y la humanización de la tecnología. “Es necesario redescubrir la belleza con estupor y maravilla”, indicó.

En el contexto de Sevilla, Fisichella se refirió a la importancia de la belleza como vía de evangelización. Afirmó que “sin belleza no hay amor, y sin amor no tendríamos el inicio del cristianismo”. La Semana Santa en Sevilla, según el ponente, es un ejemplo de cómo la belleza de la tradición, transmitida de generación en generación, refleja la fe de una comunidad.

Lamentó que “la belleza corra el riesgo de no encontrar audiencia”, pero subrayó su importancia como punto de partida para reflexionar sobre la fe y el anuncio del Evangelio. La belleza, aseguró, “conduce al amor y supera la fragmentariedad”.

Finalmente, destacó que el camino de las hermandades y cofradías puede integrarse en esta vía de la belleza, ya que las imágenes y símbolos que recorren las ciudades suscitan preguntas fundamentales para la conversión del corazón. Concluyó afirmando que la belleza es una herramienta poderosa para transmitir la fe y fortalecer la identidad cristiana.

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