La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ha emitido una nota doctrinal titulada «Su misericordia se extiende de generación en generación» (Lc 1,50), en la que alerta sobre la práctica conocida como «sanación intergeneracional» o «sanación del árbol genealógico».
Este documento fue aprobado en la reunión de la Comisión Permanente celebrada en septiembre y busca orientar a los fieles sobre los riesgos teológicos y espirituales de esta práctica.
Los obispos han identificado la proliferación de esta práctica en algunas dóciles españolas, especialmente en el contexto de oraciones y retiros organizados por movimientos carismáticos. Según la nota, esta praxis combina elementos de la fe católica con aspectos ajenos a la tradición y doctrina de la Iglesia, lo que genera un «sincretismo de apariencia católica» que puede causar daños morales y espirituales al pueblo de Dios.
El documento subraya que esta práctica se basa en teorías desarrolladas por autores como Kenneth McAll, John Hampsch y Robert DeGrandis, quienes proponen que ciertos pecados no perdonados de los antepasados pueden ser la causa de enfermedades físicas y psicológicas en sus descendientes. La «sanación» implicaría identificar esos pecados y romper sus vínculos mediante oraciones, exorcismos y celebraciones eucarísticas.
Sin embargo, la Comisión Episcopal advierte que esta teoría distorsiona conceptos fundamentales de la fe, como la naturaleza personal del pecado, la eficacia del bautismo y la comprensión de la Eucaristía. La nota destaca que «el pecado es siempre personal y requiere una decisión libre de la voluntad», tal como se recoge en la exhortación Reconciliatio et Paenitentia.
Intervenciones anteriores del Magisterio
El texto también cita precedentes de otras conferencias episcopales que han tratado este tema. La Conferencia Episcopal Francesa, en 2007, alertó sobre el riesgo de reducir la comprensión del pecado a una causalidad psicológica simplista. Por su parte, la Comisión Episcopal Polaca, en 2015, concluyó que esta práctica «niega tanto la misericordia de Dios como la eficacia de la gracia sacramental del bautismo y de la reconciliación».
La nota doctrinal enfatiza que «el único pecado que se transmite de generación en generación es el pecado original», como sostiene el Concilio de Trento, y que este no tiene carácter de culpa personal ni su castigo se hereda. Además, subraya que el Nuevo Testamento rompe con la concepción de una transmisión hereditaria del pecado, tal como se observa en el Evangelio de Juan: «Ni éste pecó ni sus padres, sino que está así para que se manifiesten las obras de Dios» (Jn 9,3).
La Comisión también señala que la Eucaristía no puede ser empleada como un medio de «sanación intergeneracional», ya que esto desnaturaliza gravemente su significado. Asimismo, recuerda que los encuentros de oración deben someterse a la vigilancia del obispo diocesano y evitar mezclas doctrinales que generen confusión entre los fieles.
En su conclusión, la Comisión Episcopal afirma que estas prácticas, aunque bienintencionadas, se apartan de la enseñanza de la Iglesia y pueden causar «un grave daño moral y espiritual». Reiteran que «cada uno es responsable de su propia vida y de sus propios pecados», tal como se proclama en Ezequiel: «El hijo no cargará con la culpa del padre, ni el padre cargará con la culpa del hijo» (Ez 18,20).