El método Pasolini y una hipótesis sobre su madre

El método Pasolini y una hipótesis sobre su madre

He leído con atención la biografía del nuevo predicador de la Casa Pontificia, el padre Roberto Pasolini, y no puedo evitar hacer una reflexión proyectiva. No hay nada en el texto que sugiera que su madre sea una prostituta. Nada. Ni una línea, ni una insinuación.

Pero, siguiendo el ilustre método de interpretación bíblica que él mismo promueve, podría ser razonable preguntarse si tal cosa es posible. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, según el padre Pasolini, basta con proyectar nuestras propias preguntas sobre un texto para explorar posibilidades ocultas, aunque inexistentes.

No hay límites cuando uno decide interpretar todo bajo el prisma de la proyección personal. Si Pasolini puede sugerir que Jesús tuvo relaciones homosexuales con sus discípulos o con Lázaro porque «hay expresiones fuertes» de amor y afecto, ¿por qué nosotros no podríamos tomar cualquier biografía —incluida la suya— y proyectar nuestras más curiosas especulaciones? Basta con buscar “expresiones” y estirarlas, doblarlas o tergiversarlas lo suficiente para moldearlas al gusto del lector. Así, podemos convertir cualquier narrativa, cualquier personaje y cualquier hecho en lo que más nos plazca. Una estrategia brillante para la exégesis, ¿no les parece?

El padre Pasolini nos invita a jugar a la ruleta interpretativa, donde las palabras no significan lo que dicen, sino lo que queremos que signifiquen. En este juego, lo que antes era una seria aproximación teológica se convierte en un espectáculo grotesco, digno de aplausos por parte de quienes consideran que todo es opinable y moldeable bajo el prisma de la ideología de turno. Tal vez el siguiente paso sea reinterpretar las enseñanzas de los mártires bajo la óptica del nihilismo contemporáneo, porque, según este método, todo está abierto a nuestras propias proyecciones.

Lo irónico, claro, es que quienes defienden esta elasticidad interpretativa suelen presentar sus propias ideas como si fueran verdades absolutas. No hay nada más dogmático que un relativista cuando defiende su relativismo. Pero nosotros, siguiendo con rigor su metodología, simplemente nos limitamos a especular, ¿verdad?

El nuevo predicador de la Casa Pontificia nos ha abierto la puerta a una nueva dimensión interpretativa. Y, siguiendo su ejemplo, estoy convencido de que es nuestro deber explorar cualquier texto —incluyendo el de su propia biografía— con la misma libertad creativa. Total, si las escrituras y los dogmas son maleables, ¿qué no lo será?

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