El obispo de Portsmouth, Philip Egan, ha hecho un llamamiento a los católicos de su diócesis para que se opongan al proyecto de ley que busca legalizar el suicidio asistido en Reino Unido.
La iniciativa, impulsada por la diputada laborista Kim Leadbeater, será debatida por primera vez en la Cámara de los Comunes el 16 de octubre. El obispo ha subrayado la importancia de movilizarse activamente contra esta propuesta.
Egan dirigió un mensaje contundente a los fieles, en el que afirmó: “Creemos en la vida asistida, no en la muerte asistida”, y señaló que invertir en cuidados paliativos es una alternativa más adecuada para acompañar a quienes padecen al final de sus vidas. Además, advirtió contra los discursos emotivos promovidos por los medios de comunicación que buscan normalizar el suicidio asistido, animando a los católicos a “llamarlo por su nombre” y oponerse públicamente a esta “siniestra” iniciativa.
El obispo también destacó la presión emocional a la que, según él, los medios y los defensores de la eutanasia someterán a la sociedad británica para apoyar la modificación de la ley. “Una vez que se cruce esta línea, nuestra sociedad nunca volverá a ser la misma”, alertó Egan, instando a los fieles a orar por el sentido común de los legisladores.
Por su parte, la diputada izquierdista Kim Leadbeater ha defendido el proyecto de ley afirmando que, con las protecciones adecuadas, las personas que están muriendo y son mentalmente competentes deberían tener la opción de una muerte más rápida y menos dolorosa. “Deberían poder decidir por sí mismas, sin poner en riesgo a sus seres queridos de ser procesados”, declaró Leadbeater.
Seis razones del obispo para oponerse al suicidio asistido
En respuesta, el obispo Egan enumeró seis razones por las cuales los católicos deben resistir la legalización del suicidio asistido:
El prelado de Portsmouth defiende que «el suicidio asistido ejerce una presión indebida sobre los enfermos y los ancianos, haciéndoles sentir una carga para sus familias, lo que podría derivar en una obligación tácita de morir».
En ese sentido, critica que «legalizar el suicidio asistido afectaría gravemente los cuidados paliativos, en los que Gran Bretaña es pionera». Egan advirtió que «sería más barato y sencillo terminar con la vida de una persona que cuidarla adecuadamente».
Además, el obispo inglés advierte que «los profesionales médicos se verían obligados a participar en actos que contradicen su ética profesional y personal, socavando la confianza entre pacientes y médicos».
Una vez aprobada la ley, la regulación tendería a ampliarse progresivamente, incluyendo a más personas bajo su cobertura, como ha ocurrido en otros países, citando a Canadá como ejemplo, donde el 5% de las muertes son por inyección letal, denuncia el obispo Egan.
Con suma claridad, recuerda que «el suicidio es una grave ofensa moral, no solo contra uno mismo, sino contra Dios y el prójimo, al romper los lazos de solidaridad que mantienen unida a la sociedad». En esa misma línea, insiste en señalar que el suicidio asistido es un pecado mortal según la doctrina católica. «Ayudar a alguien a morir de esta manera también sería un pecado grave, lo que plantea serias dudas sobre cómo administrar los últimos sacramentos a quienes elijan esta opción».